jueves, octubre 20, 2005

BOMBEROS, POETAS SIN QUERERLO (RUBÉN DARÍO)

A eso de las dos de la tarde del día de ayer me llaman al celular para avisarme que se había dado la alarma de incendio en el sétimo cuartel, donde una mueblería se estaba quemando. En ese momento estaba ocupado en una reunión impostergable. Mi intranquilidad hizo apurar el término de la reunión y partí rápidamente hacia Fray Camilo Henríquez con Argomedo.
Habían varias compañías, la B-2 estaba trabajando con sus voluntarios al interior del recinto y llegué a colaborar en lo que pude. En el lugar me enteré de que había una persona gravemente quemada en alrededor de un 90% de su cuerpo, aparte de otra persona herida al saltar de un techo. Los voluntarios segundinos salían exhaustos del lugar en llamas, descansaban treinta segundos y volvían al lugar.
Nada me hacía presagiar la noticia que recibí cuando ya estaba todo controlado. Había muerto un voluntario de la tercera. La noticia me sorprendió dejándome en un estado extraño. Siempre se cataloga a los mártires de bomberos como héroes, y en aquel lugar, a metros mío había alcanzado la gloria uno de ellos.
Hoy me levanto pensando en cómo la ciudad recibe esta noticia. Casi ningún diario da cuenta de lo sucedido, ayer los noticiarios comentaron escuetamente el hecho, basándose en la información sin contenido, en la información sin reflexión. Hoy, nada.
Bomberos es una de las instituciones más confiables para la comunidad, respaldada por la historia y por sus acciones. Bomberos autofinancia gran parte de los servicios que presta, pagan IVA por todas las compras que efectúan, pagan peaje si van en apoyo a otros cuerpos fuera de la ciudad, pagan el combustible de sus carros, cotonas, botas, radios, cascos y demás implementos son pagados por los propios voluntarios, quienes aparte de no recibir sueldo alguno, pagan cuotas mensuales de $10.000 promedio.
Sin embargo, lo que mueve a bomberos es el ideal de servir, no importa quién requiera la ayuda, el servicio es democrático en su esfuerzo.
Y al nacer la nueva aurora,
más grande el bombero se halla:
no recuerda sus fatigas,
ni recompensas aguarda.
¡Que para estar satisfecho,
haber cumplido le basta
lo que su deber le exige
y su conciencia le manda!
José Antonio Soffia
Desde aquí, estas palabras de respeto para el voluntario honorario martir de la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago, Daniel Castro Bravo.

viernes, octubre 14, 2005

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Es realmente difícil encontrar sentencias más ciertas para el pragmatismo de las emociones que la contención de lo erótico y lo thanáthico en el ser humano. La muerte se contiene en el amor así como el amor se sustenta en la muerte, son contrarios que en falta desaparecen. Van unidos, cuando uno falla el otro lo supera. Uno puede matar de amor o de amor muriendo se puede desaparecer, el ars moriendi pasa necesariamente por una exhaustiva experiencia del eros. Esto es lo que conforma la gracia (y su contrario, por lo tanto su sustento: la miseria) del hombre. Todo anuncio de polaridad trae su sombra clavada a la espalda de la dicha desbordada. Un exceso de muerte por la circunstancia enfrentada trae de sombra una experiencia de amor que en el desdichado inflama su pérdida. De esta forma se fue Esenin. La gota que rebalsó el vaso del poeta enemistado con su entorno fue la pérdida del amor: Isadora Duncan. Lo mismo cinco años después con Maiacovski (aunque por gracia de otra mujer, dicen).

Las palabras sólo retardan los finales de nuestras cotidianas (des)gracias... “Un aire, un aire, un aire, / un aire, / un aire nuevo: / no para respirarlo / sino para vivirlo.” Así Rojas y sus palabras quien, como cualquiera, no sabe qué se ama cuando se ama, como cualquiera al mismo tiempo sigue amando. El amor acalla las palabras, las hace innecesarias: “No puedo hablar, me quemaste la lengua con tus caricias, no puedo hablar. . . ¡y mi alma está ardiendo, ardiendo, ardiendo cual una gran ciudad otoñal incendiada por el sol enorme!... ...” (Pablo de Rokha).

El dolor el dolor el dolor. “¿piensas que hablo / por mi herida? / ¡y por dónde / quieres que hable?!" (C. Bertoni). El momento en que tragar saliva sabe a tragar una rama de árbol seca.

Por otro lado, dijo de Winett “Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces” (Pablo de Rokha). Subvierte lo real, como dijo Nietzsche “el amor es aquel estado en que el hombre ve, la mayoría de las veces, las cosas como no son.”

En palabras de Dante “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

Es interesante observar que en ocasiones ni la muerte puede sobrepasar al amor cuando se ha construido una relación por años, una de las experiencias más fuertes en poesía acerca de ese trance del vivir al morir de la amada lo ha producido Armando Uribe Arce con el siguiente poema:

"Se le pusieron pálidas las manos,
lívido el rostro, leve el soplo,
los labios entreabiertos sin aliento,
casi indecisos –siento
que imperceptiblemente amamos
lo que se va. Pero yo me le acoplo."

El grito final silencioso a la memoria de la amada, conducente, producente inmanente a la muerte que camina por su rostro, al golpe final y trágico como todo final:

"Muero de amor por una muerta
divinidad humanizada
por mí, que ahora yace yerta.
Me quiere no me quiere nada.
La quiero aunque sea esqueleto
con la carroña alrededor.
A sus pies seré roedor
puñado de cenizas feto."

Otro poeta que vivió el calvario mortal de la partida de la mujer amada es Pablo de Rokha, quien le dedica en su particular lenguaje versos cargados del dolor que horada su existencia, versos de una de las presencias más grandes del retrato del dolor por la pérdida de la amada:

"...ahora la aurora
no volverá a asomar más,
y los mundos obscuros,
entrechocándose,
rodarán, conmigo adentro,
a la soledad enfurecida.

Degüello mi lenguaje a tus pies y me arrojo
como un toro obscuro y desnudo
contra la nada."

domingo, octubre 09, 2005

DON QUIJOTE ADIPOSO Y TOMÁS DE AQUINO PERVERSO
Acabo de terminar el libro "La Conjura de los Necios", en una lectura que, con premeditación y alevosía, la llevé a cabo casi exclusivamente en los distintos recorridos que tuve que hacer en la locomoción colectiva en el último mes. Creo que si bien perdía continuidad la lectura del relato por las inevitables llegadas a destino, fue una decisión acertadísima al mejorar ostenciblemente mi ánimo en aquellos trayectos. La mayor parte de las veces me veía bajando de la micro a carcajadas por las insólitas aventuras procreadas por ese gordo de carácter ortodoxo en su particular supervivencia.
Ignatius J. Reilly es de aquellos personajes que, por la calidad de su gestación, perviven en la memoria por la emotividad que han regalado. Fernando Pessoa en uno de sus poemas dice "Mis mismas emociones/ son cosas que me ocurren". Estos dos versos, aunque en apariencia luzcan como obviedades, si uno detiene la reflexión un momento aparece un correlato más profundo de significado. Las emociones que causaron en mí las grandes aventuras de Ignatius Jacques Reilly, llegaron a pocisionarse en mi experiencia de tal manera que forman parte de una experiencia profundamente personal. Los libros que marcan producen tales efectos, emocionan y -en la línea de Pessoa-, finalmente nos constituyen en parte.
Siempre me han llamado la atención los escritores (sobre todo poetas) que terminan poniendo fin a sus vidas por propia voluntad. La Conjura de los Necios fue escrita a principios de la década del 60 y su autor es el norteamericano John Kennedy Toole quien, al no encontrar apoyo editorial para su única novela, ve frustrada su carrera como escritor y se suicida en el año 1969 a la edad de 32 años. La primera edición del libro se logró recién en 1980, luego que su madre de 79 años lograra que un prestigioso escritor se fijara en la obra. Después de eso, éxito inmediato hasta alcanzar el Premio Pulitzer. El mismo escritor en el prólogo dice haber aceptado a regañadientes la lectura del escrito original del texto, ya que la imagen de una anciana insistente con un texto de un desconocido no lo motivaba en absoluto. Cuenta Walker Percy que tras las primeras líneas no podía creer lo que tenía en sus manos, no se convencía de que una obra de tal calidad llegara de aquella manera a emocionarlo.
Recomendable sin duda absolutamente.
La Conjura de los Necios
John Kennedy Toole
Editorial Anagrama