A eso de las dos de la tarde del día de ayer me llaman al celular para avisarme que se había dado la alarma de incendio en el sétimo cuartel, donde una mueblería se estaba quemando. En ese momento estaba ocupado en una reunión impostergable. Mi intranquilidad hizo apurar el término de la reunión y partí rápidamente hacia Fray Camilo Henríquez con Argomedo.
jueves, octubre 20, 2005
A eso de las dos de la tarde del día de ayer me llaman al celular para avisarme que se había dado la alarma de incendio en el sétimo cuartel, donde una mueblería se estaba quemando. En ese momento estaba ocupado en una reunión impostergable. Mi intranquilidad hizo apurar el término de la reunión y partí rápidamente hacia Fray Camilo Henríquez con Argomedo.
viernes, octubre 14, 2005
????????(sic)Es realmente difícil encontrar sentencias más ciertas para el pragmatismo de las emociones que la contención de lo erótico y lo thanáthico en el ser humano. La muerte se contiene en el amor así como el amor se sustenta en la muerte, son contrarios que en falta desaparecen. Van unidos, cuando uno falla el otro lo supera. Uno puede matar de amor o de amor muriendo se puede desaparecer, el ars moriendi pasa necesariamente por una exhaustiva experiencia del eros. Esto es lo que conforma la gracia (y su contrario, por lo tanto su sustento: la miseria) del hombre. Todo anuncio de polaridad trae su sombra clavada a la espalda de la dicha desbordada. Un exceso de muerte por la circunstancia enfrentada trae de sombra una experiencia de amor que en el desdichado inflama su pérdida. De esta forma se fue Esenin. La gota que rebalsó el vaso del poeta enemistado con su entorno fue la pérdida del amor: Isadora Duncan. Lo mismo cinco años después con Maiacovski (aunque por gracia de otra mujer, dicen).
Las palabras sólo retardan los finales de nuestras cotidianas (des)gracias... “Un aire, un aire, un aire, / un aire, / un aire nuevo: / no para respirarlo / sino para vivirlo.” Así Rojas y sus palabras quien, como cualquiera, no sabe qué se ama cuando se ama, como cualquiera al mismo tiempo sigue amando. El amor acalla las palabras, las hace innecesarias: “No puedo hablar, me quemaste la lengua con tus caricias, no puedo hablar. . . ¡y mi alma está ardiendo, ardiendo, ardiendo cual una gran ciudad otoñal incendiada por el sol enorme!... ...” (Pablo de Rokha).
El dolor el dolor el dolor. “¿piensas que hablo / por mi herida? / ¡y por dónde / quieres que hable?!" (C. Bertoni). El momento en que tragar saliva sabe a tragar una rama de árbol seca.
Por otro lado, dijo de Winett “Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces” (Pablo de Rokha). Subvierte lo real, como dijo Nietzsche “el amor es aquel estado en que el hombre ve, la mayoría de las veces, las cosas como no son.”
En palabras de Dante “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.
Es interesante observar que en ocasiones ni la muerte puede sobrepasar al amor cuando se ha construido una relación por años, una de las experiencias más fuertes en poesía acerca de ese trance del vivir al morir de la amada lo ha producido Armando Uribe Arce con el siguiente poema:
"Se le pusieron pálidas las manos,
lívido el rostro, leve el soplo,
los labios entreabiertos sin aliento,
casi indecisos –siento
que imperceptiblemente amamos
lo que se va. Pero yo me le acoplo."
El grito final silencioso a la memoria de la amada, conducente, producente inmanente a la muerte que camina por su rostro, al golpe final y trágico como todo final:
"Muero de amor por una muerta
divinidad humanizada
por mí, que ahora yace yerta.
Me quiere no me quiere nada.
La quiero aunque sea esqueleto
con la carroña alrededor.
A sus pies seré roedor
puñado de cenizas feto."
Otro poeta que vivió el calvario mortal de la partida de la mujer amada es Pablo de Rokha, quien le dedica en su particular lenguaje versos cargados del dolor que horada su existencia, versos de una de las presencias más grandes del retrato del dolor por la pérdida de la amada:
"...ahora la aurora
no volverá a asomar más,
y los mundos obscuros,
entrechocándose,
rodarán, conmigo adentro,
a la soledad enfurecida.
Degüello mi lenguaje a tus pies y me arrojo
como un toro obscuro y desnudo
contra la nada."
