martes, febrero 20, 2007

Los que van y los que faltan

Llegué a Buenos Aires el sábado 17 recién pasado, hoy es martes 20 y casi las veintitrés horas.

Llevo:

- Cuentos Completos de Truman Capote
- La Edad de Hierro de J. M. Coetzee
- Pastoral Americana de Philip Roth
- Relatos I de John Cheever
- Relatos II de (adivinen) John Cheever
- El Sonido de la Montaña de Yasunari Kawabata
- Nieve de Maxence Fermine (por recomendación de c.)
- Al Sur de la Frontera, Al Oeste del Sol de Haruki Murakami
- Hombre Lento de J. M. Coetzee
- Esto Parece el Paraíso de John Cheever
- Historias en la Palma de la Mano de Yasunari Kawabata
- La Danza de la Realidad de Alejandro Jodorowsky
- Cicatrices de Juan José Saer
- Cuentos Crueles de Abelardo Castillo

Discos:

- Chet de Chet Baker
- My Old Flame del Chet Baker Quarter
- The Most Important Jazz Album 1964 / 65 de Chet Baker

Me faltan los siguientes libros:

- La Casa del Carnero Salvaje de Haruki Murakami
- Me Llamo Rojo de Orhan Pamuk

Me quedan 5 días en la ciudad y doscientos pesos argentinos en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón.

A comer y mirar en los días que quedan.

domingo, febrero 04, 2007

Con casco y cotona en Valpo

Eran cerca de las doce del día ya y dormía en el sillón del living luego de una noche de Gin Tónicas en un bolichón de Manuel Montt. Suena el teléfono, Cristian me llama y me dice que está cuidando la casa de su jefe en El Arrayán y que va a hacer un asado con piscina para los amigos. Tarde calurosa, cerveza, asado. En medio de mi sueño estas palabras fueron las que se trataban de anclar en mi cabeza. Entonces entre la conversación me pregunta, "qué sabes de la explosión que hubo en Valparaíso? parece que hay un muerto y harta gente desaparecida". Ahí desperté. Averigüé que la explosión había sido lejos del lugar donde están mis familiares y eso me tranquilizó en un primer término.


Entre ducharme, ordenar un poco e ir a comprar comida china, esperé las noticias y vi las increibles imágenes. Rato después me encontraba en el Metro rumbo a la Estación Pajaritos con el fin de tomar alguno de los buses al puerto.

No sabía bien a qué iba precisamente. Tenía los contactos para trabajar con la gente de la Segunda Germania de Valparaíso, pero no tenía idea cabal de qué estaba pasando y qué tipo de ayuda necesitaban. Sólo llevaba mis manos y mi voluntad. En las explosiones de gas, la probabilidad de que se produzcan más explosiones por causa de la rotura de nuevas cañerías y por los bolsones de gas que puedan configurarse entre los escombros es muy alta. Cuento aparte son los derrumbes, donde hay que trabajar siempre con todos los sentidos abiertos.


Me uniformé con el casco alemán de la Segunda Germania de Valparaíso y su cotona con el "FEUERWEHR" en la espalda. Donde los últimos 100 años hubo tres edificios hoy no había ninguno. O estaban ahí pero sin ninguna forma, aplastados y sudando. Cruzando la calle, las construcciones que se encontraban frente a la explosión fueron devoradas por el incendio producido por el estallido. Esa cuadra casi en su totalidad resultó quemada, sólo con sus fachadas descascaradas y como tiritando de frío, muertas sin nada dentro más que humo desperdigado y carne quemada en lugares inciertos.

Horas de trabajo intenso en la noche y de madrugada. Cientos de kilos de ladrillos y escombros removiéndose mano a mano en un trabajo que parecía interminable. Focos de fuego aún gritando bajo nuestros pies.

Fuerte.

Necesito un masaje en la espalda.