sábado, junio 24, 2006

Hubo un par de muertes

La semana pasada estuvo cruzada por un par de muertes.
La primera que nombro es la del papá de una amiga algo cercana, también algo lejana, pero cuyo suceso impacta y remece por la personalidad de quien la protagoniza. Lo recuerdo en situaciones sociales tomando las riendas de los asados desde su raigambre española. Hasta las salchichas a la parrilla aparecían producidas al máximo, por ejemplo, abrigadas por pancetas de guarda. Sonrisa cariñosa y explícita para cualquiera, manteniendo en lo latente algún secreto triste.
La segunda muerte: Stella Díaz Varín. Conocí a la Stella, vieja ya y casi muy joven, en una lectura poética llevada a cabo en la Plaza Brasil. Más específicamente en la Fundación Víctor Jara donde un par de poetas mujeres terminaron echando a punta de diatribas al poeta Sergio Parra. Antes, desde mucho tiempo atrás, tuve variadas referencias anecdóticas. Puñetes a quién le frunciera el entrecejo, escupitajos, encatres varios (desde Neruda a Jodorowsky y pasando también por Parra [Nicanor, por supuesto]). El pololeo con Jodo lo sobrellevó con su mano dentro del bolsillo roto de éste, agarrando lo que ustedes ya se imaginan, por todo lugar donde se encontraban. Al cabo de un tiempo y con la sutileza de la artista, la Stella cosió el bolsillo roto del pantalón de Jodorowsky dando por terminada la relación con el mayor de los simbolismos.
Una frase inolvidable lanzada por sus labios ese día:
Vivimos dentro de la espantosidad.
Cuánta razón a veces cuánta razón.

martes, junio 13, 2006

Lo fome de buena calidad

Hace un par de días atrás tuve la oportunidad de ver "El Halcón Maltés", película del año 41 con la actuación principal de Humphrey Bogart y Mary Astor.
Me quedé con dos ideas.
Uno: si pudiera, me mandaría hacer un traje como el que viste el detective Samuel Spade (Bogart). Puro estilo.
Dos: tengo la impresión que es cada vez más difícil hoy en día encontrar películas en las que se dé una relación tan estrecha entre los personajes literarios y los representados. Creo que antes se daba con mucha mayor frecuencia el acento de las actuaciones desde los diálogos, desde el guión para configurar los personajes. Hoy en día, aquel "cine de masas" de la industria hollywoodense pone el énfasis mucho más en los efectos tanto visuales como de sonido, en detrimento de la conformación de personajes fuertes en sus contradicciones, expresados desde lo lingüístico. No digo que no existan, porque ejemplos que contradicen mi tesis los hay (por lo demás acepto que trato también con un tema en que lo subjetivo obstaculiza la norma: desde allí también hablo).
Eso.
Punto Aparte: Raúl Ruiz en su libro Poética del Cine (2000) da a conocer un gusto personal que me llamó mucho la atención y me dio luces sobre la acogida que tiene su obra para el chileno medio. A Ruiz le interesan mucho más las películas comúnmente percibidas como aburridas: "aquellas que poseen una elevada calidad de aburrimiento"-dice. Siempre me quedo pensando en aquella frase. Háganlo. El valor subyacente en una película latera lo busco lo busco lo busco y cada vez me intereso más en ella. De ahí a llegar a algún puerto, es otra cosa y me acuerdo de Esperando a Godot, que no es para nada una obra latera, sino que es, de forma simple y compleja (con plena no linealidad de pensamiento), la BÚSQUEDA en su más amplia y pura expresión.
En un libro de Desiderio Arenas, un apesadumbrado Andrés le dice a Martín que encuentra su vida aburrida, monótona, repetitiva, en resumen y concretamente: una reverenda lata. Luego de la confesión de su amigo, Martín le responde lo siguiente:
No existen vidas fomes. Sólo existen vidas mal contadas.
Con respecto a mi vida, en lo personal, trato de mantener por lo menos una elevada calidad de aburrimiento.

viernes, junio 09, 2006

PARAGUAS


La verdad es que me gusta harto el invierno. Todos nos hemos hecho, o nos han hecho, la pregunta sobre qué nos gusta más, el invierno o el verano. O, por otro lado, qué nos gusta más: cuando hace calor o cuando hace frío. Siempre respondo que me gusta más el frío, porque me da la posibilidad de abrigarme ante la sensación. Por el contrario, cuando hace calor (de esos pegajosos), aunque uno se saque toda la ropa igual el calor no nos suelta.
También me gusta mucho la idea de tomarse un chocolate caliente en alguna tarde invernal. Un chocolate de esos bien regresivos, esos que se remontan a aquellos cumpleaños que bordeaban el primer lustro.
Me gusta cómo se comporta la gente cuando hace frío. Todos están como vulnerables, casi tristes pero de esa tristeza más melancólica. Ni hablar de los árboles, que nos tocan lanzándonos sus hojas para que los observemos y nos pongamos más melancólicos aún. Miramos los edificios y se parecen a nosotros, vemos el cielo y nos refleja algo grises e introspectivos, observamos un perro estilando en la calle y da como pena y ternura y su imagen se nos graba en nuestra mente por 7 segundos, extinguiéndose luego mientras caminamos lento.
Me gusta todo ese ambiente que se forma en esta época. Nos hacemos un poco más íntimos con el entorno. Por lo menos eso me pasa a mí.
Ante estos cambios ambientales también me vuelvo más torpe. Me digo: por falta de costumbre. Me digo: por que mi mundo interno se hace externo en lo que voy tocando.
Y en estas fechas, siempre termino perdiendo al menos dos paraguas.
Ya va uno.
Y no era mío.

miércoles, junio 07, 2006

"Liderazgo y Amor"

Me llama un amigo contándome que va a haber una conferencia nominada "Liderazgo y amor", con una bajada de título que decía algo de las madres. Me imaginé algo así como "el legado de nuestras madres" o tal vez, "lo que nuestras madres nos han querido dejar". Hora: 19:00. Lugar: el Marriott. Los invitados son Humberto Maturana, Claudio di Girolamo y Hernán Rivera Letelier. Pienso: Bizarro bizarro bizarro, ergo voy.
Llego algo atrasado y me siento en el lugar que me reservaba mi amigo Cristian con un compañero de trabajo (de él). Un tipo canoso se sube al estrado ubicado a un costado del escenario a leer un poema de Neruda: La Mamadre. Y yo me digo: "del terror".
En la presentación un tipo canoso (otro) hace una reseña de cada uno de los invitados. Primero Maturana: "El más importante científico chileno, biólogo y blablabla"; al final de la presentación aplaude Cristian mientras el compañero de trabajo y yo sólo observábamos sin mover nuestras manos. En ese momento recordé las tardes de discusiones con Maturana gracias a un curso que impartió en la Universidad.
Después de la presentación de di Girolamo yo aplaudo mientras mis compañeros no.
En la última presentación, la de Rivera Letelier, sólo aplaude el compañero de Cristian. El nortino escritor Rivera Letelier una vez estuvo en mi casa en Antofagasta, mientras escribía y trataba de configurar al protagonista de "Fatamorgana de amor etc etc", ese trompetista pelirrojo. Me parece que cada vez es un escritor más malo, ya los últimos libros no los he leído y, por referencias, al parecer no me he perdido nada. Al contrario, he podido desaprovechar mi tiempo de manera más provechosa en otra cosa.
El tema que cruzaría los discursos eran los recuerdos sobre las respectivas madres de los hablantes.
Maturana nos cuenta muchas historias de las cuales no recuerdo bien ninguna, pero me queda una idea dando vueltas. Desde el comienzo explicita que nunca vio a su madre como líder, pero a través de sus historias, a todos se nos termina configurando como una líder bastante carismática. Sólo me acuerdo haber sonreído en un par de ocasiones. Grato.
Después di Girolamo contó historias de su infancia en Italia en medio de la 2ª guerra, impresionantes. Historias de hambre y de la muerte sonriendo tras cada árbol por las calles. Tragedias y risas. Surgió una historia muy similar a la experimentada por Violeta Parra y sus hermanos. En el patio de la casa vecina de los Parra se celebraba un gran asado con muchos invitados y comistrajos y tomateras mundiales, escuchándose el evento varias casas a la redonda. Los hermanitos Parra con hambre y la Violeta ordena a todos sus hermanos buscar cada uno un plato y una cuchara. En medio del patio trasero se sentaron en el suelo frente a sus objetos y con risas y gritos de abundancia empezaron a golpear las cucharas con el fondo de sus platos vacíos, mientras ellos se saciaban tragando carcajadas solicitándose las enormes fuentes de "ensaladas" y grandes trozos de "carne". La idea era que los vecinos también supieran que ellos estaban de fiesta con una bacanal igual de grande. En Europa por su parte, la madre de di Girolamo, en medio de la guerra y frente al concierto de estómagos vacíos en su familia, ordenó poner la mesa lo más elegantemente posible. Cuchillería y porcelana especial, de esas que se utilizan para navidad y año nuevo. En complicidad, el padre trajo hojas de papel y lápices. Una hoja y un lápiz en cada plato. La familia realiza sus oraciones de agradecimiento y de solicitud para que a ningún pobre le falte el pan y luego la madre ordena: dibujen lo que más deseen comer en este momento. Aparecen vacunos, pescados, cerdos, todos adobados con las más deliciosas salsas y acompañamientos, grandes postres y sabrosas bebidas. Luego, todos entretenidos haciendo trueques alimenticios, un trozo de pescado arrancado de una hoja de papel por un delicioso acompañamiento de puré, un vaso de jugo natural por ese postre de leche, etc. Aquellos niños se fueron a acostar esa noche de igual manera con hambre, pero felices de haber participado de un gran festín.
Rivera Letelier habla, era que no, sobre la pampa. Su madre fallece cuando él tenía 9 años. Relata una historia de intuiciones y asombros, la que finaliza con su voz húmeda en lágrimas y entrecortada por el cuchillo de los recuerdos. Aplaudo casi totalmente sincero.
Me llama la atención que entre los invitados principales no hubiera ninguna madre, siendo que eran parte del título de la conferencia. Sólo invitados famosos que a priori se intuía alabarían a sus madres. Todo fríamente calculado.
Maturana prende una luz que nos parece interesante. Ante la pregunta: ¿cómo se imaginan el mundo si estuviese gobernado sólo por mujeres, por madres? él contesta que el asunto no es quién gobierna, sino el concepto algo alienado que hemos construido del acto de gobernar.
Habla de la coinspiración.
Y siento que me gusta harto como suena la palabra coinspiración.

martes, junio 06, 2006

Match Point


En el año 1951 una película apareció sorprendiendo a todos con su guión. Se trataba de "A place in the sun" de George Stevens, con sobresalientes actuaciones de Montgomery Clift y una muy jóven y deslumbrante Elizabeth Taylor.
Podría considerar que ha nacido con cincuenta y tantos años de diferencia una hermana melliza de la película en blanco y negro. "Match Point" me deslumbró desde distintos parámetros. Cómo no, si es en varios aspectos una cinta desequilibrante. Uno de los aspectos que más disfruté fue el dejarme llevar por sus diálogos como en presencia de una lectura feroz y arrolladora de un libro imprescindible. Fue realmente delicioso situarse a experienciar desde la butaca la construcción de aquellos personajes que, en sus avatares tan mundanos, nos reflejaban de manera unánime y cóncava (parafraseando a de Rokha con unos versos que hablan de un "dolor unánime, dolor unánime y cóncavo").
Es que mientras avanzaban los minutos, el Chris de "Match Point" se me configuraba de manera tan clara con el George Eastman de "Un lugar en el sol" que llegaba a descentrarme de ansiedad por ver cómo iba manejando sus deseos y temores. Todo iba engranando de forma demasiado evidente entre una y otra cinta, lo que me tenía para nada desilusionado, sino al contrario, disfrutando de una ya posible y casi tangible realidad de un remake perfecto en sus matices.
La idea central que Woody Allen nos trataba de dejar en su cinta me tenía, sin embargo, inquieto. No sabía a ciencia cierta qué era lo que nos transmitía, aunque estaba ya bastante de manifiesto desde el comienzo de la cinta. Quizás por eso, desde ese lugar no podía encontrar mayores lazos de hermandad entre ambas cintas.
Cómo no?! Si finalmente apuntaban a elementos casi antagónicos en sus espíritus. La genialidad que veo en todo esto es que, casi con una historia calcada, pueden dejarnos dos obras artísticas reflexionando sobre temas opuestos y ambos reales, encarnados cada cierto tiempo en nuestras acciones.
He tratado de ser cuidadoso de no adelantar nada de su trama.
He sido demasiado enredado en todo lo que he escrito.
Sólo decir, por supuesto, recomendable absólutamente. Y sí, con tilde en la o.