sábado, septiembre 11, 2010

La Llave - Junichiro Tanizaki


Todavía tengo algunos textos pendientes de lectura del último viaje a Buenos Aires en el que aprovisioné mi despensa de libros. Uno de estos (que resultó devorable) fue esta novela de corto aliento y largo alcance llamada "La Llave". Si mal no recuerdo me puse a conversar sobre algunos autores con el dependiente de la librería que está en el zócalo de Galerías Pacífico, aquella con su cielo impresionante desde los murales de Antonio Berni. El tema es que había oído sobre Tanizaki y cuando se lo nombro me alcanza de inmediato esta novela, junto con esa recomendación sincera de la que uno se fía por completo. Esto porque los vendedores de las librerías en esa ciudad leen y por lo general no me he llevado sorpresas con sus preferencias estéticas.

Caro era el ejemplar para estar en ese país que respeta los libros, dudé si irme o no en compañía de él pero qué tanto, luego vendrá el aguinaldo del año siguiente que equilibrará las arcas administradas por el banco que me roba con la ley como su soporte. Todos los aguinaldos posibles de ese año ya estaban más que gastados... invertidos.

Durmió por un buen tiempo en la despensa sin puertas de uno de los libreros y en esos impulsos lo tomé y ya está, fue leído:

a. me gustan los nombres de los personajes.
b. el texto transcurre a través de la lectura de dos diarios, el del profesor y su esposa Ikuko en los que cada uno plasma sus propias conjeturas acerca de lo que les es imposible decirse cara a cara.
c. a través de la cronología expuesta en la sucesión de la conciencia que le oculta el uno al otro, se deja entrever ese segundo relato que sostenemos cada uno de nosotros internamente sobre quien tenemos en frente, ese murmullo inaudible que provocamos y al que en las crisis de cualquier tipo terminamos por recurrir para tomar decisiones.
d. las apariencias, me intrigan en demasía las apariencias, la manera de enfocar las apariencias tanto del cine como la literatura japonesa. Acá el relato, los diálogos que establecen cara a cara los personajes son en su mayoría desde la lectura entre las sombras, entrelíneas aparece lo que expreso, morfología del deseo obviamente.
e. Kimura es supuesto pretendiente de la hija del profesor e Ikuko, llamada Toshiko. No obstante Kimura es el personaje entrelíneas que sostiene la relación marital. Toshiko mediante. Profesor mediante. Sin duda Ikuko mediante.
f. hay embriaguez, hay enfermedad, hay lo que en occidente serían trastornos de personalidad, hay honor oxigenado en doble discurso, hay tristeza, hay hartos celos, hay sutileza y violencia al mismo tiempo.
G. Tiempo que no quedaba conforme como ahora con un final, y éste me regaló la idea de una novela de factura, sin pretenciones logra todo lo que se permite querer.

Ahora que hablé de Buenos Aires ya saqué de la despensa "El Pasado" de Alan Pauls, otro que dormía y al que luego comenzaré a despertar cuando lo abra.


miércoles, julio 28, 2010

Motocicleta

Llevo alrededor de 6 meses movilizándome en una Honda Twister CBX 250 y la experiencia ha sido buenísima. Es igual a la de la foto pero en color negro.



Siempre pensé que en algún momento tendría moto. La Honda Twister la elegí precisamente como mi primera moto, y por tal muy importante ya que sería en ella donde quemaría mis primeros kilómetros. Fue elegida la primera y por lo tanto será siempre especialmente recordada.

Recuerdos: Tengo el recuerdo de una foto en la que aparece mi mamá manejando una BMW blanca muy linda que era de mi tío Richie. Al parecer yo aún no nacía en el momento que le tomaron esa fotografía. Otro recuerdo algo traumático fue mi primera experiencia de dolor con una quemadura por calor: Hamilton, un amigo de mi papá, tenía una motocross (puede que haya sido una Suzuki) y recuerdo que por calle Gabriel D'Anunzzio donde vivíamos recorre un trecho sobre la rueda trasera (eso se llama wheele?). Cuando llega a nuestro lado siento como un relámpago hirviendo en mi pierna y me doy cuenta que había tocado con ella no recuerdo si el escape o un cilindro. La marca que me quedó era pequeña, pero me sorprendía lo constante del dolor y que se incrementara de sólo mirarla.

Siempre mi papá contaba que cuando muy joven mis abuelos le compraron una Vespa, con la que anduvo comiendo kilómetros por las carreteras. Viajes a Tongoy, Coquimbo y otros que no recuerdo. Todos los años en los que contaba eso él no tenía moto, por precisa recomendación de mi madre. No obstante cuando vivíamos en Antofagasta mi papá empezó con la idea de que quería tener una motito. Recuerdo que comentaba que sólo quería algo sencillo, "como una Yamaha 100". Meses después nos enteramos que meses antes había comprado en un remate de Carabineros una BMW R60/7, muy linda ahora, horrible en ese tiempo. Mi papá la dejó en ese tiempo 'hibernando' en la empresa. Mi mamá las veces que había pasado por la oficina y veía esa moto estacionada decía "de quién es esa cosa tan horrible, deberías hablar con el funcionario dueño de ella y decirle que se la lleve"... hasta que el funcionario tal se la llevó y la moto llegó a la casa.

Meses antes de casarme anaba con la idea de comprarme una moto, a la que mi novia de ese entonces (actual Señora) no evidenciaba un rechazo evidente, aunque sí una preocupación explícita por los riesgos y todo lo demás. Al ver que de mi contraparte habían opciones de aceptarme con moto, en una cotización de mi Twister se dieron las cosas y empecé a firmar cheques. En eso estoy, suena mi celular y le digo a mi novia que estoy haciendo unos cheques en tal concecionario, llegando ella en pocos minutos al local mientras estampaba mi última firma. Qué hizo?- me pregunta. A pocos días del matrimonio le respondo, 'Te vas a casar con un hombre que tenía moto desde antes que te casaras'.

Se lo tomó bien, por suerte.