miércoles, noviembre 09, 2005

UN BRAVO SEGUNDINO MÁS

El lunes 07 de Noviembre de 2005, en sesión extraordinaria, la Segunda Compañía de Bomberos "Esmeralda" me ha integrado a sus filas como un voluntario más.
Hablando con un amigo hace unos días, me decía que no comprendía aquello de que exista gente, en estos tiempos, capaz de hacer guardias nocturnas, comprometiendo buena parte de su vida privada al servicio de nadie en particular, sino más bien del destino en general. Y no sólo su vida en particular, sino que frente a un mal día se podría incluso comprometer su vida terrenal.
Este amigo lo decía en un tono entre admirativo y sospechoso, sin saber bien si sacar uno de los pies de algún concepto o quedarse allí, con la duda, hasta que yo dijese algo inteligente, aclaratorio o derechamente poco factible, que también entregaría cierta, aunque sea ambigua, claridad. Nada de eso pasó, porque yo tampoco tengo mayores respuestas frente a esas inquietudes.
Creo que más allá de las aspiraciones filantrópicas infladas que mucha gente imagina (argumentos cargados de una egolatría no aceptable por mí), el hecho de ser bombero también puede conllevar una actitud un poco más pueril a la base. Si bien los grandes argumentos siempre podrían sacarse a relucir, porque de cierta manera todos ellos son parte de la génesis y continuación histórica que ha mantenido el espíritu de bomberos (llámese el servicio por la comunidad, el servir sin mirar a quien, el salvar vidas y propiedades, la disciplina, la constancia, el orden social, el respeto, etc., etc.), postulo que existe en muchos de los voluntarios una idea de "juego" que sale a relucir en algunas de sus actividades.
La mayoría de estas motivaciones siento que aparecen de forma muy intuitiva o inconsciente, y es aquí donde no puedo dejar de pensar que aquellos sueños infantiles con carritos bomba de juguete, aquellos rescates de personas atrapadas en la casa de muñecas supuestamente envuelta en llamas, aquella prontitud con que llegaban los bomberos a socorrer en los accidentes múltiples que sufrían todos los autitos de la caja de juguetes, dicho en pocas palabras, la heroicidad del hombre que se impone por sus actos en una mezcla de nobleza y destreza que imaginamos todos alguna vez cuando niños, es lo que también prima de forma importante en muchos de los voluntarios que nos resguardan día y noche.
Schiller, en sus "Cartas para la Educación Estética del Hombre", postulaba toda una teoría del juego, elevando este acto a uno de los más sublimes del arte o del quehacer humano. Es a través del juego, donde realizamos pragmáticamente nuestros sueños. Los sueños son vividos sin mayor consciencia, pero es a través del juego donde aquellos elementos extraidos de la irrealidad los hacemos carne en nuestro actuar. Es en el juego donde hacemos sin hacer, donde los niños matan a su enemigo sin matarlo de verdad o al contrario, lo salvan sin hacerlo. Es en el fuego donde nosotros, los voluntarios de bomberos, jugamos sin jugar. Y muy en serio.

4 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

mmm

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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