¿Cuánto tiempo lleva trabajando en esta librería? Su respuesta fue seca, como su mirada y su actitud casi despreciativa con el consultante: "Más de cuarenta años".
Mis caminatas por el paseo Bulnes en estos últimos años se motivaban, en lo principal, en la posibilidad de aprovechar los porcentajes de descuento que tenía en la librería de Fondo de Cultura Económica, ubicada en Paseo Bulnes esquina Tarapacá, a pasos del Normandie. Sin embargo, cierto día encontré en el número 245 de dicho paseo, una librería con libros y descuentos bastante interesantes. Desde fuera se veía una vitrina con los libros en oferta, una vez adentro, dos mesones con ediciones a dos mil y tres mil pesos. Al fondo a la izquierda, donde se divisaba una escalera que conducía al subterráneo, libros a mil pesos. A la entrada a la derecha, libros varios de buenas editoriales.
Su aspecto era poco amigable. Delgado, pelo cano y bigotes. Actitud de desconfianza permanente hacia las nuestras. Siempre me han llamado la atención, al igual que en un libro por ahí, aquellos personajes que haciendo su trabajo tienen actitudes de desprecio hacia la gente. Por ejemplo, en ciertas actitudes de los garzones de la Unión Chica, ahí en calle Nueva York 11. Don Carlos pertenecía a esa clase de personajes. En mis primeras visitas, su trato no demostraba indiferencia, sino cierto malestar, lo que me hacía sentir especial por no comprender aquella actitud, siempre respetuosa, como la mía.
Regularizando mis visitas en Bulnes 245, nos fuimos entendiendo en nuestra particular visión de mundo. Él me recomendaba libros, me hablaba de autores, de la actualidad, de la gente que ya no leía, aunque los libros costasen lo mismo que un café. Luego pasamos de hablar a conversar. Nos respetamos. Don Carlos salía tarde de su librería. En muchas ocasiones pasó navidades, años nuevos, cumpleaños en su local.
Oiga Don Carlos, ¿por qué tiene los libros tan baratos?
- Porque en vez de ganar diez prefiero ganar cinco.
Hace unas semanas, fecha en que recibiría algún dinero, debía pasar por la Librería Séneca donde Don Carlos me conseguiría "2666" de Bolaño. No lo hice. Hace dos semanas pasé por Bulnes 245. Por primera vez en más de cuarenta años no habían libros en su interior. La puerta de vidrio cerrada, una serie de maestros haciendo cambios en su interior con taladros, martillos y serruchos. Parecía un apocalipsis en doce metros cuadrados.
Don Carlos, cansado ya, se suicidó colgándose en el subterráneo de su local, bajo los cientos de libros que mantenían su existencia.
2 comentarios:
es una lastima saber que la gente con que hablaste hace unas semanas ya no esta ahi, donde uno esperava encontrarla, y mas todavia si mas de alguna vez entablaste alguna conversacion con esa persona, pero jamaz te enteraste de los problemas "detras del meson". Bueno la vida es asi y hay que acostumbrarse a que la gente muera en los momentos mas inesperados, lo unico que nos queda es no perder la capacidad de asombro ante estas situaciones.
Notable Carlos, yo también pasé el año pasado por esa misma librería, y me sorprendí por lo barato del asunto. Estaban las "obras completas" de Lina Meruane como a luca quinientos.
En realidad era demasiado bueno ese local como para que durara por siempre, lástima haberlo aprovechado tan poco.
Y bueno, mi introducción al paseo Bulnes también fue por los descuentos portalianos del FCE, entremedio de ese arsenal de guerra que son esas tiendas...
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