Hoy me tocó estar frente a frente con un 7-3*. Escena muchas veces oída como inevitable.

Ya leí el libro Relatos I de Cheever, releí Entre Paréntesis de Bolaño, y van además dos de Murakami: La Caza del Carnero Salvaje y Al sur de la frontera, al oeste del sol. Pasé al tercero: Tokio Blues, donde voy en la página 51.
Caminando por Huérfanos, entré a la Feria Chilena del Libro. Traspasando las puertas de entrada a la gran librería, encaminé mis pasos al mesón de la izquierda donde hay una custodia. Me carga dejar mis cosas en las custodias y andar con la maderita o el acrílico con el número del casillero donde escondieron mis pertenencias. Pero bueno, la librería es una de las más grandes de Santiago. Digo es una de las más grandes, pero no la más completa. Mucho más completa a mi parecer es Metales Pesados, ahí en José Miguel de la Barra, donde el poeta que la regenta fue "confundido" (y con toda justificación) con Raymond Carver. No es que se haya parecido físicamente ni tampoco estéticamente, pero la similitud de un poema del chileno con la de uno del gringo era vergonzosa.
No encontré nada en la feria chilena, salvo un libraco de gran formato editado por Taschen, del cual sólo quedaba el ejemplar de vitrina. Ninguno de los empleados hizo la más mínima insinuación por facilitármelo. Entregué malhumorado el acrílico verde y me fui con mis cosas a la calle.
Pasé a TXT y tampoco encontré nada. La verdad es que estaba bien, porque yo no buscaba nada concretamente.
Pasé a la Librería "Chilena", a un costado del Lido y de una sucursal de revelado de fotos muy muy barato. Librería miscelánea con ínfimas cosas interesantes. Sin embargo en ese lugar compré un libro reportaje de la Agencia Reuters sobre el 11 de Setiembre estadounidense (para regalar) y compré también la Correspondencia entre Yasunari Kawabata y Yukio Mishima. No suelo leer cartas ajenas, pero ya que las entregan editadas, me sumerjo.
Me fui a mi casa.

Horas después me fui a Teatinos con Rosas. Entré en ese dormitorio hirviente, lo vi arrodillado frente a su cama. Su cara hundida en la almohada. Aunque no vi su rostro, recordé a los personajes de Murakami: japoneses de piel blanquísima y estirada, delgados, de cera. Recordé los maniquíes desnudos de cualquier tienda. Minutos antes, él buscando aire respirable en su almohada mientras yo, en esa misma ciudad, lo veía en cualquier personaje de Tokio Blues.
*Según claves radiales CBS, 7-3: Cadáver en el lugar.
Foto 1: Detalle de Fotografía realizada por Leslie Williamson.
Foto 2: Episodio de la fiebre amarilla (1871). Juan Manuel Blanes.
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