
COTOTO
Cuando entré al casino y me aproximaba a la larga mesa que compartían varios compañeros al fondo, uno de ellos me llamó:
- Carlos, te presento al Segundo Comandante de Conchalí-, me dijo Toledo.
- Mucho gusto.
- Como que Conchalí hueón.
- Jajajajaja
De esta forma conocí a Pancho Fraile el viernes recién pasado, hace solamente cuatro días atrás. Había oído hablar de Pancho varias veces anteriormente, pero no había tenido la oportunidad de tratarlo. En el último tiempo no había asistido mucho a su cuartel, donde era voluntario honorario con quince años de servicio.
Sentado cerca de él, pude percatarme del magnetismo que creaban sus comentarios y anécdotas que relataba animadamente, mientras quienes lo rodeábamos nos íbamos configurando al personaje y al hombre que lo representaba. Tez y pelo claro, rostro desbordado de simpatía en sus gestos y, muy pero muy evidentemente, una protuberancia en plena frente, a la altura de su ojo izquierdo que hacía imaginar sin duda alguna la gran caída de cabeza al pavimento o quizás un gran golpe de uslero o de escoba o de vaya a saber uno qué objeto.
En resumen, ninguna de las anteriores. El chichón de tres centímetros de diámetro por dos de altura que llevaba Pancho lo había acompañado por años, involucrándolo en las situaciones más tragicómicas. Contaba el "Cototo" Fraile que en más de una ocasión, saliendo de un incendio, aparecieron voluntarios que, al ver la magnitud de lo que sobresalía de su frente, lo tomaban con ligereza para trasladarlo a la ambulancia. Hubo alguna vez que simuló con gritos el gran dolor que sentía a causa del supuesto golpe: ante la cara de espanto de los que lo observaban, venían de su parte las posteriores risotadas. Quizás uno de los momentos más divertidos y trágicos a la vez, fue la ocasión en que a causa de un pre infarto, cae al servicio de urgencia donde de inmediato le comienzan a tratar el severo "TEC cerrado" que presentaba, mientras el "Cototo" intentaba explicar que otro era el problema que le acontecía y los encargados no le hacían caso, pensando en que el paciente estaba desvariando a causa del traumatismo en su encéfalo.
Al retirarme, me despedí del Cototo con una frase sincera, que no pensé jamás sería literal: "Fue un gusto conocerte". De vuelta vino un "Para mí también" de su voz y mirada atenta. Me fui pensando en que este personaje tenía mucho que enseñarnos a nosotros, los más jóvenes que estábamos en esa mesa. Salí con alegría de haber conocido a un voluntario que presentaba valía en sus palabras y en su actitud.
El lunes por la mañana, a poco más de 48 horas de haberlo conocido y de haber compartido con él, la noticia llega, cruje y retumba implacable en mi cabeza: Murió Pancho Fraile. Luego ese lunes configurado en imágenes. Al cuartel en Metro con el uniforme de parada bajo el brazo y el "Cototo" ahora bajo mi frente, el féretro en el Salón de Sesiones, flores, familiares, amigos, en el cuartel abrazos fuertes, palabras mezcladas de pena y sorpresa, miradas brillantes. Recuerdos recuerdos recuerdos. Hablar hablar hablar. Creer no creer creer no creer y sintiendo siempre.
Noche lluvia muchos aromas. Hoy y sin explicación: cuartel sin electricidad. Todos uniformados uniforme de parada pantalón negro y guantes blancos. Misa con muchísima gente, incluso fuera del Salón. Todo entre penumbras y unas pocas luces con motores generadores. Formados en Sala de Máquinas. Chilectra no se explica porqué somos los únicos sin electricidad, mientras nuestros vecinos todos tienen luz. Están todas las conexiones normal. Bajan a Pancho desde el tercer piso por las escaleras, la B-2 grita sus sirenas, las campanas tocan secas, todos firmes rindiendo honores. Sale la carroza del cuerpo con Pancho y la paila se impone junto con las sirenas de los carros de la Octava.
Cuando comenzaba a rodar la caravana detrás de la carroza, inexplicablemente en ese instante llega la electricidad al cuartel iluminándose completo.
Pancho reía por todas partes.
1 comentario:
tampoco te quito más tiempo: ahora leo los Articuentos, c.
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