miércoles, mayo 31, 2006

De "La parte de Archimboldi"

Los enfermos, por lo demás, siempre son más interesantes que los sanos. Las palabras de los enfermos, incluso de aquellos que sólo son capaces de balbucear, siempre son más importantes que las palabras de los sanos. Por lo demás, toda persona sana es una futura persona enferma. La noción del tiempo, ah, la noción del tiempo de los enfermos, qué tesoro escondido en una cueva en el desierto. Los enfermos, por lo demás, muerden de verdad, mientras que las personas sanas hacen como que muerden pero en realidad sólo mastican aire. Por lo demás, por lo demás, por lo demás.
Roberto Bolaño, 2666, página 825.

martes, mayo 16, 2006


COTOTO



Cuando entré al casino y me aproximaba a la larga mesa que compartían varios compañeros al fondo, uno de ellos me llamó:
- Carlos, te presento al Segundo Comandante de Conchalí-, me dijo Toledo.
- Mucho gusto.
- Como que Conchalí hueón.
- Jajajajaja
De esta forma conocí a Pancho Fraile el viernes recién pasado, hace solamente cuatro días atrás. Había oído hablar de Pancho varias veces anteriormente, pero no había tenido la oportunidad de tratarlo. En el último tiempo no había asistido mucho a su cuartel, donde era voluntario honorario con quince años de servicio.
Sentado cerca de él, pude percatarme del magnetismo que creaban sus comentarios y anécdotas que relataba animadamente, mientras quienes lo rodeábamos nos íbamos configurando al personaje y al hombre que lo representaba. Tez y pelo claro, rostro desbordado de simpatía en sus gestos y, muy pero muy evidentemente, una protuberancia en plena frente, a la altura de su ojo izquierdo que hacía imaginar sin duda alguna la gran caída de cabeza al pavimento o quizás un gran golpe de uslero o de escoba o de vaya a saber uno qué objeto.
En resumen, ninguna de las anteriores. El chichón de tres centímetros de diámetro por dos de altura que llevaba Pancho lo había acompañado por años, involucrándolo en las situaciones más tragicómicas. Contaba el "Cototo" Fraile que en más de una ocasión, saliendo de un incendio, aparecieron voluntarios que, al ver la magnitud de lo que sobresalía de su frente, lo tomaban con ligereza para trasladarlo a la ambulancia. Hubo alguna vez que simuló con gritos el gran dolor que sentía a causa del supuesto golpe: ante la cara de espanto de los que lo observaban, venían de su parte las posteriores risotadas. Quizás uno de los momentos más divertidos y trágicos a la vez, fue la ocasión en que a causa de un pre infarto, cae al servicio de urgencia donde de inmediato le comienzan a tratar el severo "TEC cerrado" que presentaba, mientras el "Cototo" intentaba explicar que otro era el problema que le acontecía y los encargados no le hacían caso, pensando en que el paciente estaba desvariando a causa del traumatismo en su encéfalo.
Al retirarme, me despedí del Cototo con una frase sincera, que no pensé jamás sería literal: "Fue un gusto conocerte". De vuelta vino un "Para mí también" de su voz y mirada atenta. Me fui pensando en que este personaje tenía mucho que enseñarnos a nosotros, los más jóvenes que estábamos en esa mesa. Salí con alegría de haber conocido a un voluntario que presentaba valía en sus palabras y en su actitud.
El lunes por la mañana, a poco más de 48 horas de haberlo conocido y de haber compartido con él, la noticia llega, cruje y retumba implacable en mi cabeza: Murió Pancho Fraile. Luego ese lunes configurado en imágenes. Al cuartel en Metro con el uniforme de parada bajo el brazo y el "Cototo" ahora bajo mi frente, el féretro en el Salón de Sesiones, flores, familiares, amigos, en el cuartel abrazos fuertes, palabras mezcladas de pena y sorpresa, miradas brillantes. Recuerdos recuerdos recuerdos. Hablar hablar hablar. Creer no creer creer no creer y sintiendo siempre.
Noche lluvia muchos aromas. Hoy y sin explicación: cuartel sin electricidad. Todos uniformados uniforme de parada pantalón negro y guantes blancos. Misa con muchísima gente, incluso fuera del Salón. Todo entre penumbras y unas pocas luces con motores generadores. Formados en Sala de Máquinas. Chilectra no se explica porqué somos los únicos sin electricidad, mientras nuestros vecinos todos tienen luz. Están todas las conexiones normal. Bajan a Pancho desde el tercer piso por las escaleras, la B-2 grita sus sirenas, las campanas tocan secas, todos firmes rindiendo honores. Sale la carroza del cuerpo con Pancho y la paila se impone junto con las sirenas de los carros de la Octava.
Cuando comenzaba a rodar la caravana detrás de la carroza, inexplicablemente en ese instante llega la electricidad al cuartel iluminándose completo.
Pancho reía por todas partes.

sábado, mayo 13, 2006

REAPARECIENDO

No había escrito desde el 22 de diciembre del año pasado. Son fechas en las cuales uno anda algo alienado por la vida, me refiero a las fiestas de navidad, después año nuevo (por suerte que no celebramos a los Reyes Magos, porque sería otra fecha de locuras), entre medio cumpleaños varios, pensar en las vacaciones, financiarlas de algún modo, hastío también del año, querer cambiar de ambiente, de aire, de paisajes y caras cotidianas, etcétera.
Luego querer aprovechar, aunque sea por pocos días, Santiago en Febrero, sobre todo sus noches y finalmente ver que pasa ese mes como un relámpago sin ruido. Marzo vendría cargado de incertidumbres, terminar el postítulo (que aún me quedan dos horas de pasantías que es como si se rieran de mí desde un lugar en que no las veo), entremedio inglés, lecturas varias, hacer ensayos de aburrido y buscar pega, contactar gente, seguir buscando, laborum udpempleos etcetc, nada aún y pasó Abril donde fui a una entrevista para un trabajo que se veía ominoso de entrada y llegó Mayo con su día primero del trabajador tirado en cualquier parte y gritando y días más tarde para mí una gripe fulminante de 24 horas más un ayuno de 48, más un curso básico de ERA mañana domingo desde las 07 de la mañana.
Al menos llegaré con flores a la casa para que mi mamá sonría.

jueves, diciembre 22, 2005

QUÉ DIRÍA SÉNECA DE TODO ESTO

¿Cuánto tiempo lleva trabajando en esta librería? Su respuesta fue seca, como su mirada y su actitud casi despreciativa con el consultante: "Más de cuarenta años".
Mis caminatas por el paseo Bulnes en estos últimos años se motivaban, en lo principal, en la posibilidad de aprovechar los porcentajes de descuento que tenía en la librería de Fondo de Cultura Económica, ubicada en Paseo Bulnes esquina Tarapacá, a pasos del Normandie. Sin embargo, cierto día encontré en el número 245 de dicho paseo, una librería con libros y descuentos bastante interesantes. Desde fuera se veía una vitrina con los libros en oferta, una vez adentro, dos mesones con ediciones a dos mil y tres mil pesos. Al fondo a la izquierda, donde se divisaba una escalera que conducía al subterráneo, libros a mil pesos. A la entrada a la derecha, libros varios de buenas editoriales.
Su aspecto era poco amigable. Delgado, pelo cano y bigotes. Actitud de desconfianza permanente hacia las nuestras. Siempre me han llamado la atención, al igual que en un libro por ahí, aquellos personajes que haciendo su trabajo tienen actitudes de desprecio hacia la gente. Por ejemplo, en ciertas actitudes de los garzones de la Unión Chica, ahí en calle Nueva York 11. Don Carlos pertenecía a esa clase de personajes. En mis primeras visitas, su trato no demostraba indiferencia, sino cierto malestar, lo que me hacía sentir especial por no comprender aquella actitud, siempre respetuosa, como la mía.
Regularizando mis visitas en Bulnes 245, nos fuimos entendiendo en nuestra particular visión de mundo. Él me recomendaba libros, me hablaba de autores, de la actualidad, de la gente que ya no leía, aunque los libros costasen lo mismo que un café. Luego pasamos de hablar a conversar. Nos respetamos. Don Carlos salía tarde de su librería. En muchas ocasiones pasó navidades, años nuevos, cumpleaños en su local.
Oiga Don Carlos, ¿por qué tiene los libros tan baratos?
- Porque en vez de ganar diez prefiero ganar cinco.
Hace unas semanas, fecha en que recibiría algún dinero, debía pasar por la Librería Séneca donde Don Carlos me conseguiría "2666" de Bolaño. No lo hice. Hace dos semanas pasé por Bulnes 245. Por primera vez en más de cuarenta años no habían libros en su interior. La puerta de vidrio cerrada, una serie de maestros haciendo cambios en su interior con taladros, martillos y serruchos. Parecía un apocalipsis en doce metros cuadrados.
Don Carlos, cansado ya, se suicidó colgándose en el subterráneo de su local, bajo los cientos de libros que mantenían su existencia.

jueves, diciembre 01, 2005




A JUAN ENCINA ESPINOZA

Viernes 25 de Noviembre: Ese día llegué al cuartel como un cuarto para las cuatro. La B-2 había salido a la alarma de incendio forestal que se había dado en el Cerro Renca. Tomé una micro y me dirigí con ciertas dudas hacia aquel sector donde nunca antes había estado. Me bajé como a cuatro cuadras de la ladera del cerro, uno de los tantos focos de incendio. Los segundinos estaban trabajando un poco más arriba del cerro, en un sector que ya lo habían controlado.

Pasó un buen rato, hasta que el Comandante a cargo nos dio retirada. Pasamos a un grifo a llenar nuevamente el estanque de la B-2 y por radio fuimos informados que debíamos acudir en clave 0-11 al cuartel de la 21 compañía, esto significaba que teníamos que cubrir su cuartel mientras B-21 seguía trabajando en el mismo incendio. La noticia fue tomada sin mucho ánimo, ya que se deseaba llegar pronto a nuestro cuartel con el fin de estar más cómodos, luego de un duro trabajo en el cerro bajo el sol. Sin embargo partimos a cumplir la orden que se nos había encomendado. Llegando al cuartel de la 21 compañía, ubicado a algunos metros de la plaza de renca, fuimos recibidos por su director, quien nos brindó un excelente trato, ofreciéndonos bebidas y más comodidades.

Poco más de una hora después, llega B-21 a su cuartel que en ese momento se encontraba resguardado por nosotros. Habían terminado su tarea en el cerro y nos despedíamos cordialmente de ellos, mientras nos aprontábamos a dirigirnos a nuestro cuartel.

Nos esperaba un ejercicio de compañía, el cual comenzó puntualmente a las 20 hrs. Se trataba de una interesante exposición sobre el trabajo realizado por un grupo de psicólogos en torno al tema del stress laboral. Cuando el ejercicio llevaba cerca de media hora de desarrollo, comienzan a sucederse informaciones radiales que nos comenzaron a dejar cada vez más perplejos y expectantes. La atención antes prestada al ejercicio ya no era la misma en nuestro Salón de Sesiones, hasta que llegó el momento en que un voluntario pidió con cierta angustia si nuestro capitán podría informarnos sobre las noticias que ya intuíamos y lamentábamos. Nuestro capitán nos pidió que nos pusieramos de pie y que guardáramos un minuto de silencio. Con la voz afectadísima y con gran pesar espiritual, nos informaba que un nuevo martir tenía nuestro Cuerpo. La B-21 y sus voluntarios, poco después de haberse despedido de nosotros, había salido a un nuevo llamado en el mismo cerro. Queriendo alcanzar los focos ardientes que se encumbraban altos, el terreno del camino cedió, haciendo desbarrancar cerro abajo el vehículo y los voluntarios que lo tripulaban.

El capitán pidió que, dadas las circunstancias, el ejercicio fuera interrumpido. Con las imágenes de aquella reciente despedida entrechocándose en nuestro interior, fuimos saliendo uno a uno del Salón sin poder abarcar desde la imaginación lo que la realidad nos presentaba. Caras sonrientes y cansadas, llenas de la satisfacción de haber cumplido con el destino de sus voluntades, nos habían despedido poco más de una hora antes. Rostros que en esos momentos estarían sin duda reflejando otros sentimientos, pero el mismo sentido profundo.

Apenas atravesé el umbral del Salón de Sesiones, caen en su zarpaso los timbres de la Segunda "Esmeralda". Corrí escalas abajo junto con cinco segundinos más para zarpar con la B-2 hacia el destino que ahora era el nuestro. Vistiéndonos y preparándonos para enfrentar lo que viniese con el temple que nos construíamos en silencio. Puedo aseverar que esa mueblería en llamas fue finalmente extinguida de manera distinta, y es que sin duda fue exinguida con más orgullo que agua, con el trabajo profundo y radical de estar dedicando aquella labor a quienes de nuestras mentes no se apartaban, a los voluntarios veintiuninos que en ese momento nos acompañaban en el pecho.

Ese día aprendí que el espíritu segundino tiene que ver con una visión. Este tipo de circunstancias se enfrentan con dos cosas: con Hombría y con Sensibilidad, tal como nosotros, los bravos segundinos, respiramos la vida.

miércoles, noviembre 09, 2005

UN BRAVO SEGUNDINO MÁS

El lunes 07 de Noviembre de 2005, en sesión extraordinaria, la Segunda Compañía de Bomberos "Esmeralda" me ha integrado a sus filas como un voluntario más.
Hablando con un amigo hace unos días, me decía que no comprendía aquello de que exista gente, en estos tiempos, capaz de hacer guardias nocturnas, comprometiendo buena parte de su vida privada al servicio de nadie en particular, sino más bien del destino en general. Y no sólo su vida en particular, sino que frente a un mal día se podría incluso comprometer su vida terrenal.
Este amigo lo decía en un tono entre admirativo y sospechoso, sin saber bien si sacar uno de los pies de algún concepto o quedarse allí, con la duda, hasta que yo dijese algo inteligente, aclaratorio o derechamente poco factible, que también entregaría cierta, aunque sea ambigua, claridad. Nada de eso pasó, porque yo tampoco tengo mayores respuestas frente a esas inquietudes.
Creo que más allá de las aspiraciones filantrópicas infladas que mucha gente imagina (argumentos cargados de una egolatría no aceptable por mí), el hecho de ser bombero también puede conllevar una actitud un poco más pueril a la base. Si bien los grandes argumentos siempre podrían sacarse a relucir, porque de cierta manera todos ellos son parte de la génesis y continuación histórica que ha mantenido el espíritu de bomberos (llámese el servicio por la comunidad, el servir sin mirar a quien, el salvar vidas y propiedades, la disciplina, la constancia, el orden social, el respeto, etc., etc.), postulo que existe en muchos de los voluntarios una idea de "juego" que sale a relucir en algunas de sus actividades.
La mayoría de estas motivaciones siento que aparecen de forma muy intuitiva o inconsciente, y es aquí donde no puedo dejar de pensar que aquellos sueños infantiles con carritos bomba de juguete, aquellos rescates de personas atrapadas en la casa de muñecas supuestamente envuelta en llamas, aquella prontitud con que llegaban los bomberos a socorrer en los accidentes múltiples que sufrían todos los autitos de la caja de juguetes, dicho en pocas palabras, la heroicidad del hombre que se impone por sus actos en una mezcla de nobleza y destreza que imaginamos todos alguna vez cuando niños, es lo que también prima de forma importante en muchos de los voluntarios que nos resguardan día y noche.
Schiller, en sus "Cartas para la Educación Estética del Hombre", postulaba toda una teoría del juego, elevando este acto a uno de los más sublimes del arte o del quehacer humano. Es a través del juego, donde realizamos pragmáticamente nuestros sueños. Los sueños son vividos sin mayor consciencia, pero es a través del juego donde aquellos elementos extraidos de la irrealidad los hacemos carne en nuestro actuar. Es en el juego donde hacemos sin hacer, donde los niños matan a su enemigo sin matarlo de verdad o al contrario, lo salvan sin hacerlo. Es en el fuego donde nosotros, los voluntarios de bomberos, jugamos sin jugar. Y muy en serio.

viernes, noviembre 04, 2005

RECADO DEJADO PARA HOY

Es la madrugada del viernes cuatro de noviembre y vengo llegando de una reunión que tuve con amigos que he estado conociendo en el último tiempo. Reunión que obviamente fue llevada a cabo en un bar del centro de Santiago, lo que conlleva estados de conciencia provocados que todo lector imaginará. El motivo: la rendición de mi examen de grado.
Lo que me queda de este día, sin embargo, no tiene que ver con este asunto, que para cualquiera sería de principal importancia. La experiencia reciente de finalización formal de los estudios universitarios es materia obligada para la mayoría de las personas que han tenido la suerte de pasar por esta experiencia.
A mí me ha impresionado otra cosa. Tuve la oportunidad de aproximarme en este día a un texto que me emocionó y sorprendió profundamente.
Mi relación con Gabriela Mistral ha sido esencialmente abarcada por un respeto podría decir filogenético a su obra, intuitivo, en ningún caso desde la ontogénesis experiencial. Hoy tuve la oportunidad de aproximarme a algunas líneas algo perdidas de su obra, subrepticiamente olvidadas, quizá desde aquella periferia que termina haciendo grandes a los que se encuentran ocultos. No es el caso de la Mistral, por supuesto. Pero desde las escuetas relaciones que he establecido con ella, se me aparecieron como reveladoras de una sensibilidad no concebidas desde mi inexperta experiencia.
Las primeras palabras que quiero mostrar en este espacio, tienen que ver con un nivel de intimidad posiblemente motivado por ese amor jamás nunca de buena manera correspondido: Manuel Magallanes Moure. Quizá. Posiblemente, sin plena seguridad, él fue el destinatario.
Corresponde a una carta enviada a aquel muy eventualmente posible destinatario. Sólo algunas líneas:
"Hay el buen dolor y el mal dolor. Ha de ser el suyo el que
rasga las cortezas del árbol y llena la herida de sabia rosada. Y
de la sabia rosada ha alcanzado para mí un hilo perfumado.
¡Bendito sea el buen dolor!
Del mal dolor sé yo, no sabe Ud.: blasfema y hace subir
del fondo en que estaban quietos, los malos sedimentos
obscuros."
La supuesta carta continúa, pero prefiero dejarla hasta ahí. Creo que ya tenemos suficiente con eso. Al menos así fue para mí. Le dejo al lector posteriores emociones con respecto a ella.
Último texto que deseo situar en este rincón. Lo citaré completo, ya que fragmentarlo se me hace imposible. Desafío a quién me importe a no sentir identificación alguna, aunque sea como remota resonancia icónica, con estas palabras.
Título: MÍRAME, SOY TUYA.
Año: 1920.
"Quiébrame con tu pie pero que yo te sienta. Sopla sobre mí
como el viento entre las ramas para darte mi rumor.
¿Por qué no me miras? A cada instante levanto mi cabeza
espiándote. Estoy siempre como el pájaro cuando amasa
el ruido; levanto del suelo una pajita, la pego en el barro y te
miro, vuelvo a bajar por otra pajilla y vuelvo a mirarte.
Vísteme, voy desnuda. Ponme resplandor. Mira mi espalda,
alta para una ancha púrpura. Mírame y me has vestido."

jueves, octubre 20, 2005

BOMBEROS, POETAS SIN QUERERLO (RUBÉN DARÍO)

A eso de las dos de la tarde del día de ayer me llaman al celular para avisarme que se había dado la alarma de incendio en el sétimo cuartel, donde una mueblería se estaba quemando. En ese momento estaba ocupado en una reunión impostergable. Mi intranquilidad hizo apurar el término de la reunión y partí rápidamente hacia Fray Camilo Henríquez con Argomedo.
Habían varias compañías, la B-2 estaba trabajando con sus voluntarios al interior del recinto y llegué a colaborar en lo que pude. En el lugar me enteré de que había una persona gravemente quemada en alrededor de un 90% de su cuerpo, aparte de otra persona herida al saltar de un techo. Los voluntarios segundinos salían exhaustos del lugar en llamas, descansaban treinta segundos y volvían al lugar.
Nada me hacía presagiar la noticia que recibí cuando ya estaba todo controlado. Había muerto un voluntario de la tercera. La noticia me sorprendió dejándome en un estado extraño. Siempre se cataloga a los mártires de bomberos como héroes, y en aquel lugar, a metros mío había alcanzado la gloria uno de ellos.
Hoy me levanto pensando en cómo la ciudad recibe esta noticia. Casi ningún diario da cuenta de lo sucedido, ayer los noticiarios comentaron escuetamente el hecho, basándose en la información sin contenido, en la información sin reflexión. Hoy, nada.
Bomberos es una de las instituciones más confiables para la comunidad, respaldada por la historia y por sus acciones. Bomberos autofinancia gran parte de los servicios que presta, pagan IVA por todas las compras que efectúan, pagan peaje si van en apoyo a otros cuerpos fuera de la ciudad, pagan el combustible de sus carros, cotonas, botas, radios, cascos y demás implementos son pagados por los propios voluntarios, quienes aparte de no recibir sueldo alguno, pagan cuotas mensuales de $10.000 promedio.
Sin embargo, lo que mueve a bomberos es el ideal de servir, no importa quién requiera la ayuda, el servicio es democrático en su esfuerzo.
Y al nacer la nueva aurora,
más grande el bombero se halla:
no recuerda sus fatigas,
ni recompensas aguarda.
¡Que para estar satisfecho,
haber cumplido le basta
lo que su deber le exige
y su conciencia le manda!
José Antonio Soffia
Desde aquí, estas palabras de respeto para el voluntario honorario martir de la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago, Daniel Castro Bravo.

viernes, octubre 14, 2005

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Es realmente difícil encontrar sentencias más ciertas para el pragmatismo de las emociones que la contención de lo erótico y lo thanáthico en el ser humano. La muerte se contiene en el amor así como el amor se sustenta en la muerte, son contrarios que en falta desaparecen. Van unidos, cuando uno falla el otro lo supera. Uno puede matar de amor o de amor muriendo se puede desaparecer, el ars moriendi pasa necesariamente por una exhaustiva experiencia del eros. Esto es lo que conforma la gracia (y su contrario, por lo tanto su sustento: la miseria) del hombre. Todo anuncio de polaridad trae su sombra clavada a la espalda de la dicha desbordada. Un exceso de muerte por la circunstancia enfrentada trae de sombra una experiencia de amor que en el desdichado inflama su pérdida. De esta forma se fue Esenin. La gota que rebalsó el vaso del poeta enemistado con su entorno fue la pérdida del amor: Isadora Duncan. Lo mismo cinco años después con Maiacovski (aunque por gracia de otra mujer, dicen).

Las palabras sólo retardan los finales de nuestras cotidianas (des)gracias... “Un aire, un aire, un aire, / un aire, / un aire nuevo: / no para respirarlo / sino para vivirlo.” Así Rojas y sus palabras quien, como cualquiera, no sabe qué se ama cuando se ama, como cualquiera al mismo tiempo sigue amando. El amor acalla las palabras, las hace innecesarias: “No puedo hablar, me quemaste la lengua con tus caricias, no puedo hablar. . . ¡y mi alma está ardiendo, ardiendo, ardiendo cual una gran ciudad otoñal incendiada por el sol enorme!... ...” (Pablo de Rokha).

El dolor el dolor el dolor. “¿piensas que hablo / por mi herida? / ¡y por dónde / quieres que hable?!" (C. Bertoni). El momento en que tragar saliva sabe a tragar una rama de árbol seca.

Por otro lado, dijo de Winett “Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces” (Pablo de Rokha). Subvierte lo real, como dijo Nietzsche “el amor es aquel estado en que el hombre ve, la mayoría de las veces, las cosas como no son.”

En palabras de Dante “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

Es interesante observar que en ocasiones ni la muerte puede sobrepasar al amor cuando se ha construido una relación por años, una de las experiencias más fuertes en poesía acerca de ese trance del vivir al morir de la amada lo ha producido Armando Uribe Arce con el siguiente poema:

"Se le pusieron pálidas las manos,
lívido el rostro, leve el soplo,
los labios entreabiertos sin aliento,
casi indecisos –siento
que imperceptiblemente amamos
lo que se va. Pero yo me le acoplo."

El grito final silencioso a la memoria de la amada, conducente, producente inmanente a la muerte que camina por su rostro, al golpe final y trágico como todo final:

"Muero de amor por una muerta
divinidad humanizada
por mí, que ahora yace yerta.
Me quiere no me quiere nada.
La quiero aunque sea esqueleto
con la carroña alrededor.
A sus pies seré roedor
puñado de cenizas feto."

Otro poeta que vivió el calvario mortal de la partida de la mujer amada es Pablo de Rokha, quien le dedica en su particular lenguaje versos cargados del dolor que horada su existencia, versos de una de las presencias más grandes del retrato del dolor por la pérdida de la amada:

"...ahora la aurora
no volverá a asomar más,
y los mundos obscuros,
entrechocándose,
rodarán, conmigo adentro,
a la soledad enfurecida.

Degüello mi lenguaje a tus pies y me arrojo
como un toro obscuro y desnudo
contra la nada."

domingo, octubre 09, 2005

DON QUIJOTE ADIPOSO Y TOMÁS DE AQUINO PERVERSO
Acabo de terminar el libro "La Conjura de los Necios", en una lectura que, con premeditación y alevosía, la llevé a cabo casi exclusivamente en los distintos recorridos que tuve que hacer en la locomoción colectiva en el último mes. Creo que si bien perdía continuidad la lectura del relato por las inevitables llegadas a destino, fue una decisión acertadísima al mejorar ostenciblemente mi ánimo en aquellos trayectos. La mayor parte de las veces me veía bajando de la micro a carcajadas por las insólitas aventuras procreadas por ese gordo de carácter ortodoxo en su particular supervivencia.
Ignatius J. Reilly es de aquellos personajes que, por la calidad de su gestación, perviven en la memoria por la emotividad que han regalado. Fernando Pessoa en uno de sus poemas dice "Mis mismas emociones/ son cosas que me ocurren". Estos dos versos, aunque en apariencia luzcan como obviedades, si uno detiene la reflexión un momento aparece un correlato más profundo de significado. Las emociones que causaron en mí las grandes aventuras de Ignatius Jacques Reilly, llegaron a pocisionarse en mi experiencia de tal manera que forman parte de una experiencia profundamente personal. Los libros que marcan producen tales efectos, emocionan y -en la línea de Pessoa-, finalmente nos constituyen en parte.
Siempre me han llamado la atención los escritores (sobre todo poetas) que terminan poniendo fin a sus vidas por propia voluntad. La Conjura de los Necios fue escrita a principios de la década del 60 y su autor es el norteamericano John Kennedy Toole quien, al no encontrar apoyo editorial para su única novela, ve frustrada su carrera como escritor y se suicida en el año 1969 a la edad de 32 años. La primera edición del libro se logró recién en 1980, luego que su madre de 79 años lograra que un prestigioso escritor se fijara en la obra. Después de eso, éxito inmediato hasta alcanzar el Premio Pulitzer. El mismo escritor en el prólogo dice haber aceptado a regañadientes la lectura del escrito original del texto, ya que la imagen de una anciana insistente con un texto de un desconocido no lo motivaba en absoluto. Cuenta Walker Percy que tras las primeras líneas no podía creer lo que tenía en sus manos, no se convencía de que una obra de tal calidad llegara de aquella manera a emocionarlo.
Recomendable sin duda absolutamente.
La Conjura de los Necios
John Kennedy Toole
Editorial Anagrama

jueves, septiembre 29, 2005


PRIMERAS PALABRAS

No tengo mesa de velador. La mesa de velador con su torre de libros más o menos manoseados corresponde a una imagen simbólica de aquél que simplemente se caracteriza por ser un lector desordenado. Esa imagen me parece que es, sin embargo, un trillado lugar común. Por otra parte, un dormitorio medianamente corriente es impensado en carencia de tal mueblecillo (se me viene a la mente las piezas de los presos más privilegiados, el dormitorio de una monja de claustro, hasta en los hospitales es posible ver a estribor o babor del convaleciente algún mueblucho de lata más o menos rectangular). Mi dormitorio no posee velador. Es así como los libros (mucha baratija, nada del otro mundo, cero Anagrama, cero El Acantilado ni reliquias inencontrables, salvo una) se van acumulando por partes disímiles, constituyendo finalmente un desorden que en cierto momento alguien me lo explicita.

No sé qué estaba pasando, pero hasta hace poco tiempo creí que el desorden físico que me rodeaba me estaba llevando a una extraña pasividad de espíritu. Sin embargo, ha aparecido un personaje que me vino a dar vuelta los argumentos. Su nombre: Ignatius J. Reilly. Físicamente es muy parecido a un mítico profesor de matemáticas del Colegio San Luis de Antofagasta, el Otto. El personaje (el del libro, no el profesor... por ahora) no se merece una aproximación tan apresurada, por lo que dejaré hasta aquí mis alusiones a él.

El libro aún no lo termino, falta poco y eso nunca es grato cuando los libros se dejan devorar a fuerza de puro talento en su escritura. Es tarde, para variar por estos días.