martes, marzo 13, 2007

Manga de Reclamones


Mientras construían el Metro y la alameda parecía presa reciente de varias bombas de racimo todos reclamaban.

La locomoción pública de esa época no tenía ninguna fiscalización, los exámenes técnicos eran irrisorios. Una de las cosas que más me acuerdo era que llevaban sus ominosos tubos de escape a nivel del suelo, contaminando las veredas, matando más gente, haciendo más grises los inviernos. La gente también reclamaba.

Recuerdo claramente haber escuchado un reclamo cuando obligaron a todas las micros a tener la salida de gases verticales en la parte trasera, hacia las nubes. La persona dijo: "ahora el humo va a formar smog más rápido al irse directo al cielo".

Cuando surgen las micros amarillas con miles de numeraciones de más de dos dígitos y de recorridos laberínticos, todo el mundo reclamó.

Antes de las micros amarillas, en el tiempo del tubo de escape a ras de suelo, las
micros eran de distintos colores, con variedad de carrocerías, marcas, años. Tengo un recuerdo de ellas: debo haber tenido menos de un lustro de vida e íbamos de regreso a casa con mis papás. La micro era de color verde, asientos de cuerina rasgados, sucios, respaldos rayados con signos inentendibles aún para mí. Íbamos los tres sentados en una de esas estrechas butacas. Del chofer, sólo podía observar que era gordo, tenía la camisa celeste sudada en la espalda, gesticulaba hacia el exterior, luchaba contra la máquina. El ruido dentro de ese armatoste era infernal. Debe haber sido cerca de las ocho de la noche en aquellos tiempos de toque de queda. Subiendo por Bilbao hacia Alcalde De La Lastra, el chofer aceleraba el motor de la máquina casi hasta hacerlo reventar antes de pasar el correspondiente cambio. El embrague sin mantención hacía chirriar la caja de velocidades en cada arremetida. Bocineaba ferozmente frente a cualquier vehículo que intentara cruzarse en su camino. La velocidad que alcanzaba en momentos para mí superaba lo imaginable para ese ataud de fierro maloliente. Y yo también reclamé, llorando silenciosamente escondido entre mis padres.


Hoy, como costumbre histórica, todos reclaman frente al cambio en la locomoción pública. Más de algún niño, como yo hace más de veinte años, ha reclamado de la misma forma mientras es estrujado por la masa transportada. Reclaman las viejas. Reclama el chileno medio, el vivaracho que cree sabérselas todas argumentando sólo con clichés infantiles, inmaduros, irracionales. Le echa la culpa a Zamorano, a Navarrete, a Bachelet, a Espejo. A los empresarios, al gobierno, a los antiguos gobiernos.

Le echa la culpa al empedrado. Los responsables de todo somos todos. Reclamamos sin crítica. Nunca fuimos capaces de exigir con propiedad que nos respondieran los empresarios de las micros amarillas por el robo que nos hacían con su servicio. Con sus máquinas contaminantes, ruidosas, sucias, peligrosas, miserables. Hoy en día, como dijo la crónica de un matutino, hasta Zamorano tiene la culpa de los agarrones que siempre han existido y que antes no tenían responsable alguno. Patético.

Me carga el reclamo. Me encanta la crítica. Critico no cualquier reclamo, sólo el sin argumento digno de respeto. El reclamo, como lo mal utiliza la masa, corresponde a la sexta acepción que tiene esta palabra según la Real Academia. La crítica que me gusta a mí, corresponde a la octava acepción que le da la RAE a la palabra 'crítica'.

sábado, marzo 10, 2007

No se teme el hombre en el otro

El hombre cree en los hombres y después no, pero cree en sí mismo por momentos.
El hombre suda trabaja cree y sigue sudando los otros lo ven le sonríen él golpea y agrada porque crea.
Se diferencia del estigma porque no agrede sino violenta y recuerda palabras rokhianas donde el hombre destruye y crea destruyendo.
Otros hombres también golpean pero agreden y he ahí la diferencia, dicen que la violencia es parte de la naturaleza. El hombre, este hombre, dice que no porque la naturaleza es violenta pero jamás agresiva.
Ergo de esta razón, es agredido.
Cae el hombre y se desconfirma desde el otro.
El hombre desea levantarse sabiendo que lo hará.
Desde abajo, mira el mundo. Otros ríen.
El hombre busca semejantes en su cabeza y los encuentra con esfuerzo mnemotécnico.
Antes, eso sí, llora.
Húmedo, se levanta, un pie y el otro lo mismo, camina por los suelos.
Solo.
Aún escucha risas y en su cabeza las ve sardónicas.
Busca un concepto a modo de muleta.
Ignominia. Ominoso también y además no le sirve.
Quiere ser él por lo mismo otro.
Busca su nombre: otro que sea él mismo.
Se refleja en Matías Gali, matíasgali, galimatías (
Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas)
Sí.
Se clarifica y desbautiza.
No es nombre sí idea.
Habla por Radrigán, se alimenta: Un hombre frente a un hombre no es más que un hombre.
Los ve aún en risas, desde su rincón.
Se ve a sí mismo: es un hombre, un toro tragando arena mientras respira.


domingo, marzo 04, 2007

A la caza de Murakami


Un ejemplar explicitaba que había nacido en Tokio. Tomé otro y leyendo la reseña de la contratapa decía que no había nacido en Tokio, sino en Kobe. Raro. Tomé otro libro suyo y esta vez informaba que su lugar de nacimiento había sido Kioto. No podía creer tanta desinformación de aquellas editoriales españolas que en Buenos Aires mismo me habían cobrando un ojo de la cara por sus novelas. Tomé otro de sus libros y esta vez sí se repitió una de las ciudades, aunque con un pequeño cambio de letra: en vez de Kioto decía Kyoto. Todas, eso sí, concordaban en que Murakami había nacido treinta años antes que yo.

Mientras revisaba el correo me acordé del misterio de la ciudad natal y todo evidencia a lo siguiente: Haruki Murakami habría nacido en Kioto, pero al poco tiempo se traslada a Kobe con su familia donde vive su infancia y juventud. Luego, siguiendo los pasos de sus padres (ambos profesores de literatura), se inscribe en la Universidad de Waseda en Tokio. Se supone. Digo 'se supone' porque nuevamente hay una discordancia en la información que entregan las contraportadas. La mayoría se une a la idea de que estudió licenciándose en literatura, pero una de ellas dice que en verdad estudió teatro clásico griego. A mí me suena que se licenció en literatura quizá con alguna investigación o tesis sobre el teatro clásico griego o la dramaturgia de ese tiempo. Vaya a saber uno. Estoy leyendo La Caza del Carnero Salvaje editada por Anagrama. Esta novela fue publicada originalmente en 1981, fecha en la que Murakami dirigía un Club de Jazz. El Club de Jazz murió con el nacimiento de esta novela, ya que recibió el Premio Noma para nuevos narradores y de ahí se sumergió a tiempo completo en las letras.

No sé si leer todo lo que me traje de él de una sola vez o si leer Murakami por medio. Tengo harto material para pimponear. Todo bastante bastante pop. Pamuk se ganó el premio Nobel el año pasado y todo apunta a que me traje una de sus mejores novelas, tengo dos de Kawabata que se lo había ganado bastante tiempo atrás, creo que en el '68. Dos más de Coetzee quién se lo ganó el 2003. Murakami no se lo ha ganado pero lo más probable es que en un tiempo más se lo den. Lo mismo podría ocurrir con Philip Roth. Con Camilleri puede que esté más difícil la cosa, pero al parecer su Salvo Montalbano la está rompiendo en todos lados. Ojo, Andrea Camilleri debutó como novelista a la edad de 53 años. Me cae bien por eso. Cheever no se lo ganó, mientras escribía entre el alcohol y la distimia.

Tengo, como muchos, una relación ambivalente con respecto al Nobel. Por un lado sabemos que ha sido al menos digno de sospecha en algunas oportunidades. Muchos de sus ganadores nunca fueron mundialmente reconocidos por su obra. En lo superficial, alimenta todo ese mundo copuchento y cahuinero de los escritores, dando pie a grandes (, o no tanto,) discusiones sobre el merecimiento de tal galardón, lo apitutado que estaba este otro autor, lo mediocre o fantástica de la obra de aquél, etcétera etcétera. A pesar de todo, lo quiera uno o no, también me involucro y entusiasmo con los nombres que están sonando, con las historias de aquellos escritores de países lejanos y casi desconocidos que sin embargo han fraguado obras monumentales. Porque finalmente de eso se trata para mí, y creo que de eso debiese tratarse el asunto. De las letras impresas que al leerlas, hacen de nosostros, tan comunes y tan corrientes, mejores personas.

martes, febrero 20, 2007

Los que van y los que faltan

Llegué a Buenos Aires el sábado 17 recién pasado, hoy es martes 20 y casi las veintitrés horas.

Llevo:

- Cuentos Completos de Truman Capote
- La Edad de Hierro de J. M. Coetzee
- Pastoral Americana de Philip Roth
- Relatos I de John Cheever
- Relatos II de (adivinen) John Cheever
- El Sonido de la Montaña de Yasunari Kawabata
- Nieve de Maxence Fermine (por recomendación de c.)
- Al Sur de la Frontera, Al Oeste del Sol de Haruki Murakami
- Hombre Lento de J. M. Coetzee
- Esto Parece el Paraíso de John Cheever
- Historias en la Palma de la Mano de Yasunari Kawabata
- La Danza de la Realidad de Alejandro Jodorowsky
- Cicatrices de Juan José Saer
- Cuentos Crueles de Abelardo Castillo

Discos:

- Chet de Chet Baker
- My Old Flame del Chet Baker Quarter
- The Most Important Jazz Album 1964 / 65 de Chet Baker

Me faltan los siguientes libros:

- La Casa del Carnero Salvaje de Haruki Murakami
- Me Llamo Rojo de Orhan Pamuk

Me quedan 5 días en la ciudad y doscientos pesos argentinos en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón.

A comer y mirar en los días que quedan.

domingo, febrero 04, 2007

Con casco y cotona en Valpo

Eran cerca de las doce del día ya y dormía en el sillón del living luego de una noche de Gin Tónicas en un bolichón de Manuel Montt. Suena el teléfono, Cristian me llama y me dice que está cuidando la casa de su jefe en El Arrayán y que va a hacer un asado con piscina para los amigos. Tarde calurosa, cerveza, asado. En medio de mi sueño estas palabras fueron las que se trataban de anclar en mi cabeza. Entonces entre la conversación me pregunta, "qué sabes de la explosión que hubo en Valparaíso? parece que hay un muerto y harta gente desaparecida". Ahí desperté. Averigüé que la explosión había sido lejos del lugar donde están mis familiares y eso me tranquilizó en un primer término.


Entre ducharme, ordenar un poco e ir a comprar comida china, esperé las noticias y vi las increibles imágenes. Rato después me encontraba en el Metro rumbo a la Estación Pajaritos con el fin de tomar alguno de los buses al puerto.

No sabía bien a qué iba precisamente. Tenía los contactos para trabajar con la gente de la Segunda Germania de Valparaíso, pero no tenía idea cabal de qué estaba pasando y qué tipo de ayuda necesitaban. Sólo llevaba mis manos y mi voluntad. En las explosiones de gas, la probabilidad de que se produzcan más explosiones por causa de la rotura de nuevas cañerías y por los bolsones de gas que puedan configurarse entre los escombros es muy alta. Cuento aparte son los derrumbes, donde hay que trabajar siempre con todos los sentidos abiertos.


Me uniformé con el casco alemán de la Segunda Germania de Valparaíso y su cotona con el "FEUERWEHR" en la espalda. Donde los últimos 100 años hubo tres edificios hoy no había ninguno. O estaban ahí pero sin ninguna forma, aplastados y sudando. Cruzando la calle, las construcciones que se encontraban frente a la explosión fueron devoradas por el incendio producido por el estallido. Esa cuadra casi en su totalidad resultó quemada, sólo con sus fachadas descascaradas y como tiritando de frío, muertas sin nada dentro más que humo desperdigado y carne quemada en lugares inciertos.

Horas de trabajo intenso en la noche y de madrugada. Cientos de kilos de ladrillos y escombros removiéndose mano a mano en un trabajo que parecía interminable. Focos de fuego aún gritando bajo nuestros pies.

Fuerte.

Necesito un masaje en la espalda.


martes, enero 30, 2007

COETZEE


- Deberías ir a terapia -le dice Jacqueline, expulsando humo.
- Me lo pensaré -replica él. A estas alturas ya sabe que no debe contradecirla.

En realidad, no iría a terapia ni en sueños. La meta de la terapia es hacerte feliz. ¿Qué sentido tiene? La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura: es lo que él cree.

J. M. Coetzee - Juventud

jueves, enero 18, 2007

Primera Quincena


El año pasado no fue lo que tradicionalmente podriamos considerar como un buen año, pero por eso mismo aprendí algunas cosas. No ennumeraré. No contaré.
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Me gustó comenzar este año trabajando. Aunque sólo sea un trabajo de un mes.
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Lo cotidiano hoy: trabajo muchas horas diarias en la oficina, me llevo pega para la casa, hago informes en mi pieza con una Paulaner cerca, el calor envolviendo, en las noches escucho a Nina Simone o Bill Evans o por supuesto a Chet Baker. Los informes crecen, se amontonan.
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Las otras obligaciones también aparecen de improvisto, sale un Incendio en Santa Rosa con Curicó. Nada muy grande. Vuelvo nuevamente a los informes. Vuelvo al piano y las voces, el flügelhorn de Baker. Vuelvo al Lüscher, los apuntes de entrevistas.
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Quiere nacer un extraño dolor en mi espalda. Lo tomo en cuenta?
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Leo a Kafka antes de caer.
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Quedan pocas horas de sueño. Raro no? mm

lunes, diciembre 18, 2006

Otra Inquietante Extrañez


La carga emotiva que para mí tiene Víctor Jara es realmente fuerte. Me emociona siempre.
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Teniendo oportunidad de ver o escuchar a Víctor en estos días 'post mortem augustus' no lo hice. Quizá porque era demasiado fácil embardunarse con el espíritu que producían los acontecimientos, decidí alejarme de todo aquello por la mera sospecha de realizar un mal acto.
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Confieso que igual caí en la risa con la infaltable talla ad-hok lanzada en cualquier parte, que me reí con la creatividad con la que el chileno enfrenta el mundo que no sabe enfrentar, que me pegué al televisor sorprendido por lo que decían que ocurría, sorprendido de aquello que entre sombras lanza su zarpaso, la división que aún se mantiene en Chile.
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Confieso que agarré la bicicleta y pasé mirando y sintiendo entre medio de la gente que sufría y gritaba y amenazaba y lloraba apostada fuera del Hospital Militar y lo mismo hice después, unas cuadras más abajo, entre los que cantaban y bailaban y brindaban y reían desde Plaza Italia hasta la Moneda. Qué dolor, qué miedo y pena sentí al ver los rostros de los primeros y qué regocijo y algarabía me proyectaron los segundos.
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Sin embargo, no me sentí cómodo observando ninguno de los dos grupos.
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En lo personal, me hubiera gustado inventar un grupo diferente. No una absurda mezcla entre las pasiones de los adherentes y las de los contrarios a Pinochet, sino todo lo contrario. Otro. En otro estado de consciencia.
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Me faltó un grupo sufriente y pensante de personas en las calles asistiendo al macabro espectáculo de la injusticia. De nuestra incapacidad de hacer justicia. Me faltó aquel grupo que en la muerte de Pinochet genuinamente se lamentara por las ilusiones de nuestra democracia. La democracia -bueno es recordarlo- hecha a la medida de Pinochet y su impunidad. Me faltó aquel grupo que no se burlara de la desgracia de sus adversarios tal como lo hicieron el '73 los hoy sufrientes. Me faltó el grupo que llorara no de pena porque el Tata se murió y se fue al cielo ni de alegría porque el tirano había caído lléndose al infierno, sino el grupo que llorara por sí mismo. Así de simple. Me faltó el grupo que llorara de vergüenza, el grupo de los frustrados, de los incómodos con su sociedad, de los inconformes. El grupo que tomara la muerte de Pinochet como enorme espejo de la propia derrota y de su circunstancia.
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No existió ese grupo ni fui capaz de generarlo. Empiezo ahora? El que quiere me sigue.
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FOTO: Joan Brossa. "La memoria del temps".

miércoles, diciembre 06, 2006

AL PRIMERO DE LA FAMILIA



tres días estuvo perdido respirando apenas en el hospital junto con otros ene ene sin cejas sobre los ojos sin pelo sobre la frente y con quemaduras varias atontado por las explosiones después de ese uno de enero del cincuenta y tres pasaditas las tres a eme detrasito de los abrazos se escucha la paila la sirena desde la casa del Cerro Florida viendo las llamas en el plan y vamos agarrando la cotona de cuero y el casco pero hombre cómete el último pedacito de la torta que hizo tu cuñada no es ni casa la que se quema es bodega para qué te apuras viejo van a haber más incendios hoy en la noche dale un par de mordiscos al pastel ven tómate un traguito antes no ves que para cuando vuelvas ya no va a quedar torta puras botellas vacías vamos a estar durmiendo o cansados no si no puedo ya deben estar llegando mis compañeros que viven cerca y ya sabes que no tomo y sí fumo chaíto no más nos vemos pero compadre dale un beso de despedida a tu mujer no ves que con esto del primer embarazo capaz que se nos sensibilize más tú sabes por muy acostumbrada que tu señora esté estas cosas igual ponen nerviosas a las mujeres jeje ya chao vieja chao cuidado en las escaleras que está oscuro! me habrá escuchado? todos los años es la misma historia escucha la sirena de alarma y sale corriendo no tenía por que ser diferente este año nuevo siempre tres o cuatro incendios si es niño apuesto a que sale bombero y si es niña ella en su momento tendrá un hijo que será bombero ya debe ir llegando al incendio se ve grande desde acá arriba ay!! oye qué pasó qué fue ese ruido se rompieron los vidrios del frente y el resplandor dónde fue eso cresta otra explosión más es en el plan Dios mío santo mi Virgen Santísima se quema todo abajo en el plan se quema está explotando el cielo
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En Memoria de mi queridísimo abuelo fallecido hoy
Adolfo Sierralta Díaz, de quien comprendí la noción de Heroísmo sin alegría. En mi recuerdo y en mis actos estará por siempre este hombre imprescindible, sencillo, admirable.-

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viernes, octubre 13, 2006

Rebotando en los símbolos

Después de un tiempo fuera de este espacio me decido a compartir esta lectura, dolorosa como aquellas imprescindibles
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Poema
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Me llamó la atención que su autor fuera sueco
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No he leído mucha poesía sueca
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Sorprendente
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Terrible
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Invito a la lectura. Invito a la relectura. Quizá con luz tenue por dentro, quizá con voz apretada. Sí con pausa y absolutamente como rumiando

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ORACIÓN FÚNEBRE

Estas muerta
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Puedo mirarte en paz con toda facilidad. Tu frente es pequeña y redonda. Antes no la había visto. Eres torpe. Ahora veo que eres torpe.
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Tienes pequeños ojos guiñadores. Ahora los veo. Todo es pequeño y mezquino en tu casa. Tus cabellos son rebeldes, gruesos, groseros. Ahora lo veo. Tu labio pende como el de una muchacha de cocina.
Ahora todo lo veo.
Estás muerta. Tú no eres nada.
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Tú sólo eras una muchacha de cocina, una sucia. Una que debía morir.
Pero yo te amaba. Eso era.
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Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Me agradaba acariciar tus cabellos tanto, cuando ellos eran vivos. Yo amaba todo lo que había de feo en tu casa, tanto cuando esa fealdad era viviente.
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Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Yo acariciaba tu cabellera, aunque ella fuese gruesa, grosera. Yo amaba tus pequeños ojos, cuando ellos miraban delante de ellos en el mundo, la mañana.
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Entonces yo amaba todo en tu casa.
Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto. Yo amaba tus grandes pies. Y tus manos agrietadas las amaba también.
Ahora ellas están muertas. Ahora ya no existe nada. Es preciso que continúe mi camino, que marche, que marche.
Tú, tú has muerto.
Ahora nada existe.
Ahora, tú, tú has muerto.
Ahora ya no existe nada en el mundo entero.

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PAER LAGERKVIST (1891-1974)
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(Traducción de Ángel Cruchaga Santamaría
en Revista Letras, Santiago de Chile, 1930)
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Pintura: Cabeza de mujer muerta. Picasso.
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miércoles, septiembre 20, 2006

"Dios, cómo respira esa mujer..."

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Afirmo que para el personaje que interpretó en Match Point no podría haber hoy en día otra actriz que causara la resonancia que su papel requería. A cuántos no les ha pasado en la vida real ese arrebato que ella causó con sus gestos en esa película. Muchos cayeron, caen y seguirán cayendo por esas mujeres salidas desde ciertos pliegues impensados de la cotidianeidad. La diferencia radica en que en esos momentos pocos tienen el talento para escribir y dar buena forma su propio guión.
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Divas en el cine van y vienen siempre, pero, para mí, Scarlett Johansson definitivamente se queda.
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sábado, septiembre 16, 2006

En sus portadas, todos nosotros


Ayer en "La hora 25", Carlos Cabezas le comentaba a Góngora que era un lugar común de la decadencia de ciertas épocas el que surgieran voces originales y revolucionarias, sobre todo desde el arte, que denunciaran las malas andanzas del mundo. Sin embargo -decía con preocupación-, en el Chile actual estamos como anestesiados, adormecidos, y no se ven referentes estéticos que rompan los esquemas que piden a gritos ser hechos pedazos.
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Hoy sábado 16 de Setiembre se publica esta portada en LUN y me parece que, sin querer queriendo, alguna esperanza tenemos.
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Creo que toda esta liviandad, toda esta priorización casi psicótica de lo (completamente ir)relevante en nuestros temas, en nuestras discusiones (país) que nos rodean y ahogan van a cambiar desde sus propios gestos. A modo de un animal ominoso y obscuro que trata ciega y tontamente de morder todo a su alrededor, finalmente no va a tener más salida que morderse y alimentarse a sí mismo de sus propias carnes.
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Toda esta palabrería enredosa y malsonante tiene su origen en que precisamente imaginé que en 100 años más, esta portada del Diario Las Últimas Noticias de hoy puede llegar a ser material histórico imprescindible para reflejar nuestra época.
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Quizá los referentes estéticos actuales, algunos de buenísima y emocionante calidad, no dirán tanto de la imagen adormecida de nuestro tiempo como la portada de este diario. En ella aparece una blanca y radiante novia que nunca fue, rematando su vestido para conseguir dinero y con esto lograr que pueda sobrevivir un niño que se muere de a poco. Las palabras con que se refleja el dolor monstruoso del niño finalmente crean otro monstruo. Donde el encabezado de portada debiera ser la pregunta del por qué un niño tiene que conseguir dinero para vivir, para sanarse, aparece en letras destacadas la sonrisa blanca de la que plantó al futbolista en la puerta de la iglesia.
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Sin embargo, por todo lo anterior esta portada tiene para mí aquellos elementos estéticos que la harán perdurar en el tiempo.
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Otra tema a destacar es que dentro de sus páginas homogéneas existen columnistas heterogéneos realmente interesantes, donde rescato y recomiendo a Luis Sánchez Latorre 'Filebo', Juan Manuel Vial, Rafael Gumucio, Roberto Merino, Leonardo Sanhueza, Florencia Browne. No olvidemos que hasta Roberto Bolaño fue por mucho tiempo columnista de LUN. Algo nos dice todo esto. Damas y caballeros: He ahí lo democrático del asunto. Entre la bosta de esas páginas existen hedores distintos, pensantes, sensibles. Entre nosotros también.

lunes, septiembre 11, 2006

343: Strength and Honor


Recuerdo ver en el televisor del casino de la universidad aquellas imágenes confusas e impensadas. A miles de kilómetros al sur de Nueva York mis ideas comenzaban a buscar causas y responsabilidades. Recuerdo haberle dicho a una compañera que seguramente habían sido los palestinos, ya que en esos días estaba dándose una fuerte discusión entre Israel junto con su aval norteamericano y el Estado Palestino.
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Algunos de los presentes tomaban las imágenes con esa insensibilidad que lamentablemente cada vez más nos caracteriza, otros estaban algo asustados, pocos, muy pocos se mostraban tristes. Yo estaba asombrado y configuraba proyecciones que llegaban hasta una eventual tercera guerra. Algunos llegaban incluso a sonreir socarrona y triunfalmente sobre la tragedia que estaban viviendo los 'gringos', sin darse cuenta que finalmente hoy en día y más que nunca el norteamericano medio somos todos nosotros.
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Yo tenía claro que lo que estaba sucediendo era parte de la cosecha de lo que la política estadounidense ha sembrado en la administración de su poder y las ansias de hegemonía y control mundial que sigue ejerciendo, pero sin duda eso era el juego formal que nadie debía anteponer ante la horrible situación humana que se estaba desarrollando en ese lugar.
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No entré más a clases esa mañana. Casi nadie lo hizo y la verdad es que ni los profesores querían perderse detalles de lo que minuto a minuto informaban las imágenes. Primero el choque de una supuesta avioneta contra una de las torres gemelas, luego la confirmación de que era un avión de pasajeros, luego el choque de la segunda nave en vivo y en directo para todo el mundo en la otra torre. Noticias vagas de un supuesto atentado al Pentágono, la imagen increiblemente dantesca de la caida de la primera torre y minutos más tarde la segunda corriendo la misma suerte.
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Al ver caer la primera torre inmediatamente pensé en la gente que estaba muriendo en esos instantes.
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Los conductores de noticias dijeron al pasar que habrían entre las víctimas gran cantidad de personas responsables de la seguridad en la emergencia, sobre todo Bomberos.
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De las más de 2.800 víctimas que murieron en esos minutos, 343 eran Bomberos del FDNY, convirtiéndose ésta en la emergencia más grande en costos humanos que han vivido los bomberos de todo el mundo.
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Hoy en día las noticias nos dicen que esta cifra de mártires podría multiplicarse en el tiempo, al comprobarse que al menos el 70% de los Bomberos que trabajaron durante las semanas posteriores en el rescate y búsqueda de personas entre los escombros estarían presentando graves problemas de salud, donde los casos de asma y de cáncer pulmonar se han disparado alarmantemente. Hoy se sabe que los niveles de elementos nocivos como el asbesto y otros elementos químicos pesados, están sintomatizándose en la salud de aquellos rescatistas de las distintas compañías, además de policías y otros equipos de salud que intervinieron. Sin contar los traumas psicológicos que se siguen gatillando en el tiempo.
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A pesar de todo, los bomberos de Nueva York mantienen una frase que comparto con respecto a su propio quehacer:
It's the best job in the world.

sábado, agosto 26, 2006

Lugar común



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Ha llegado el momento de hacer algo
parece que te dice todo el mundo
y tú dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica
caminas ahora con una libretita de direcciones en la
/mano
impecablemente vestido, con la modestia de un hombre
/joven que se abre paso en la vida
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde
/en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como
/un pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que
/vives;
has entrado en vereda con tu cruz a la espalda.
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ENRIQUE LIHN
MONÓLOGO DEL PADRE CON SU HIJO DE MESES (fragmento)
La Pieza Oscura
Editorial Universitaria
Santiago, Chile, 1963.

miércoles, agosto 16, 2006

Se lo cuelga o se lo fusila

Se viene la exposición de Parra en el Centro Cultural Palacio La Moneda. Ha habido polémica por la obra que muestra a varios presidentes de nuestra historia republicana colgados del cuello y que se llama "El pago de Chile". Mucha gracia me causó leer hoy una entrevista que le hacen a Augusto Pinochet Jr., justamente para saber su opinión sobre esta obra en que su padre también aparece.
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A Augustito no le gustó nada esta obra y contesta que "habría que fotografiar a Nicanor Parra y mostrarlo ahorcado, a ver si le gusta". Me río de buena gana nuevamente. Además, expresa que la antipoesía le parece un conjunto de garabatos y que no la entiende. Años atrás, su padre en una entrevista que le concedió creo que a Raquel Correa, dijo enfático: "no me gustan las poesías, nunca me han gustado". A pesar que no se interesa por los poetas se vincula a ellos en el gusto por los pseudónimos, como el ya mítico y afamado Daniel López, entre otros.
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Quizá en venganza, una tarde de domingo familiar el primogénito podría planear junto a su padre realizar una obra plástica intertextual a la de Parra y poner a de Rokha la Mistral Huidobro Neruda y Parra a escala humana en un paredón de fusilamiento. También méritos suficientes tendrían Lihn y Teillier para estar ahí. Sería una obra impactante desde los parricidios HaroldBloomianos. Un buen remake de "La Poesía Chilena" de Juan Luis Martínez, donde aparecían los certificados de defunción de los cuatro grandes de la vanguardia nacional.
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Con el rabillo de la perversión, a cada cual se le presentarán otras imágenes.

viernes, agosto 04, 2006

El índice hacia arriba o apuntando hacia abajo

El esquema básico de la filosofía platónica por un lado y la aristotélica por otro me aplastó con un hecho bastante democrático en los niños en alguna época.
Yo dije que le iba a pedir tal cosa al Viejito Pascuero y mi compañero de seis años me miró como diciéndome eres un pendejo inmaduro: El Viejito Pascuero no existe!
Y yo insistí algo abofeteado por la sentencia con que sí tenía que existir, sobre todo porque mis papás decían que sí existía y también me decían que era malo mentir y se me configuraba una contradicción enorme en que estaba en juego tanto aquella divinidad geriátrica que repartía regalos en base a nuestra conducta como también el estatuto moral de lo establecido, normado en esos tiempos por las aseveraciones de los padres. Por cierto, totalmente incuestionables.
Esa tarde confronté a mis papás y bueno, el tonguito feliz había durado lo que tenía que durar.
Luego, caí en el relativismo con el cuál he luchado hasta hoy. Con la muerte del Viejito Pascuero dejé de creer en la existencia de Dios como verdad dogmática. Al menos las sospechas sobre su existencia eran potentes para mí desde esa edad y desde ese hecho. El Viejito Pascuero, quien se hacía presente en mi vida una vez al año con los regalos que me gustaban, con quien me comunicaba por carta y a quien veía en el Apumanque o en el Paseo Ahumada, era una divinidad tangible, existía. Pero una vez develado el cuento, por favor!, qué quedaba para Dios. Desde lo racional, el poder que tenía aquella divinidad era pavoroso. Castigó a sus creaturas a la primera mentirilla, mandó diluvios matando casi todo lo que había creado haciendo una limpieza media como de Segunda Guerra, hambrunas, cambios de lenguas, etcétera etcétera, pero a pesar de todo había que amarlo por sobre todas las cosas porque todo en él era bondad. Cómo no iba a relativizarlo a él, a quién nunca había visto ni con quién nunca jamás me había carteado. Sospeché del monólogo de las oraciones.
Recuerdo que en Primero básico íbamos a misa todos los días. Estando yo en mis momentos de relativismo frente al tema, y mientras nos dirigíamos a la capilla, confabulé mi conducta y me castigaron. El 'castigo' fue dejarme sin ir a misa ese día, enviándome a la sala. Recuerdo que me fui saltando de felicidad, libre para hacer lo que quisiera, solo con mi sala para mí completa. Algunos compañeros a los cuales tenía también algo relativizados, me vieron partir con envidia. En todo caso, para el 99% de mis compañeros y compañeras aquella actividad espiritual diaria era una reverenda lata. Pasábamos de estar toda la mañana haciendo cosas creativas y entretenidas a un sermón eterno y pegajoso. La cosa es que las tías se dieron cuenta de la felicidad que generó en mí el castigo y una de ellas llegó a la sala a reevangelizarme, pero centrando toda su oratoria en la generación de culpa. Debo decir que fue realmente horroroso. Todos los poderes ominosos de Dios podían en cualquier momento caer sobre mí, debido a mi imperdonable rechazo a su palabra, al rechazo a la invitación que 'Él' me había hecho de ir a su 'casa', etc. Estaba en el lado obscuro de la fuerza y me lo hicieron notar de tal forma en el discurso que casi ni pestañeaba.
Me duró la culpa un tiempo pero luego vuelta al relativismo.
Escribo esto porque descubrí que al filósofo chileno Roberto Torretti -en palabras de Jesús Mosterín "posiblemente el mejor filósofo de la ciencia en lengua castellana y uno de los mejores en cualquier lengua"- le había pasado algo muy similar con el temita del Viejito Pascuero. En el libro recopilatorio de las entrevistas que le hizo Eduardo Carrasco y que acaba de ser publicado por Ediciones Universidad Diego Portales (de pasada, tremendamente recomendable), Torretti afirma que el tema religioso -más espcíficamente el tema católico- como portador de la verdad había caído en fuerte desgracia al enterarse de la no existencia del obeso del Polo Norte. Fue el primer paso que tuvo en el interés que luego cubriría profundamente gran parte de su vida: la filosofía de la ciencia y el estudio de la historia de la verdad.

lunes, julio 31, 2006

Desde esta orilla

Su abuelo oyó el grito de aquella frase, volteó la cabeza buscando a su nieta y el resplandor lo encegueció.
A los 11 años de edad, aquella pequeña niña kurda conocía ya profundamente las injusticias y el sufrimiento que su pueblo llevaba a cuestas desde el fin de la Primera Guerra Mundial. En ese tiempo, el Kurdistán entero fue eliminado de los mapas, repartiendo su territorio entre Siria, Irak, Irán, Turquía, Azerbaijan y Armenia, siendo desterrados y exiliados todos sus habitantes en su propio país.
Aquel viejo dijo sentirse el hombre más orgulloso de su pueblo, al haber tenido la oportunidad de conocer a una persona con el coraje de su nieta. Mientras la niña gritaba "Justicia por el pueblo kurdo en la recuperación de sus tierras!!!", se prendía fuego en medio de la muchedumbre. Esto pasó hace cinco años atrás.
Hace dos días se perpetró el más brutal ataque israelí en territorio libanés del último tiempo, dejándo 54 muertos, 37 de ellos niños.
Hace cuatro meses atrás, la jóven norteamericana Rachel Corrie fue aplastada por un bulldozer israelí cuando intentaba detener la demolición de una casa con habitantes palestinos en su interior, en la franja de Gaza.
El pasado 14 de Julio mientras celebraba mi cumpleaños, un ataque israelí bombardeaba los depósitos de petróleo de la central eléctrica de Jiyé, al sur de Beirut, derramándose al mar más de 15 mil toneladas de combustible. Se estima que es la mayor catástrofe ecológica que ha sufrido el mediterráneo en su historia. "No sólo se matan civiles, no sólo se destruyen infraestructuras, sino también se destruye el medio ambiente" -afirma Green Line, la asociación ecologista libanesa. Lo peor de todo es que no se pueden hacer esfuerzos por controlar la catástrofe ambiental mientras continuen los bombardeos.
Aparte del daño marítimo, el incendio de los depósitos generó una polución atmosférica de tales dimensiones que llegó a cubrir completamente Beirut.
Después de estas escenas, no me queda otra que recurrir a Mahfud Massís, poeta chileno, heredero por sangre de la mejor literatura árabe y del desenfado de quién por historia se ha rodeado de belleza y espanto.
Te canto, Libia, con mi voz de desterrado,
esta canción de los mendigos,
de los desheredados,
de los desaparecidos
en el jardín alucinado de la muerte,
de aquellos a quienes cortaron la lengua durante la noche,
de los vaticinadores, de las putas tristes
que beben ron a la hora en que sollozan
los pájaros.
(...)
En el nombre de América devoro
este puñal de sal,
me lleno de tabaco la lengua.
Pero escucho,
en lo obscuro y tenaz, un costillar que se raja en la tormenta,
a alguien que hace preguntas como HASTA CUÁNDO y POR QUÉ
en tanto
los ojos gotean sangre
en un ánfora negra como el ultraje.

martes, julio 11, 2006

Ni mucho arameo ni algo de jerigonza


Hace 134 años, el capitán inglés Richard Francis Burton emprende la traducción de Quitab alif laila ua laila, más conocido como "Las mil y una noches". Desde hace casi doscientos años antes ya habían surgido famosas traducciones de la obra, fundamentalmente desde el francés donde destaca el trabajo del arabista Jean Antoine Galland que es -en opinión de Borges-, palabra por palabra, "la peor escrita de todas, la más embustera y más débil" y que paradógicamente al parecer fue la más inspiradora o la mejor leída en términos de asombro en el siglo XVIII.
A partir de aquella dulce y conocida traducción francesa se hicieron muchas otras.
Hablo desde el anacronismo.
Tengo 26 años a comienzos del siglo XXI.
Irak, espacio físico de muchas de aquellas mil historias y una, está siendo bélicamente bombardeado desde hace unos años y yo estoy en Santiago de Chile sin intervenir mayormente. Ni siquiera menormente.
Sin embargo comienzo esta disgresión con Richard Burton desde otro lugar, debido a que se sabe que éste soñaba en diecisiete idiomas y por lo menos dominaba treinta y cinco, entre dravidios, indoeuropeos, etiópicos (cuántos resabios de sentido habrá en aquellas melodías etíopes de "Flores Rotas", último film de Jarmusch).
Siento que me enfrento a una inmensidad que ahoga. A mí que en las letras me gusta abarcar caigo en la cuenta que debo sólo sonreír ante mis inquietudes. No tengo la patudez de considerarme bilingüe, aunque poco o algo entienda de otros idiomas. Por conversaciones, sé que tampoco llega a ser nada tan del otro mundo comprender medianamente otras lenguas. Pero es que imaginar que en medio de un sueño me sorprendo buscando la raíz latina de un sentido para expresar lo que deseo o lo que siento frente a la incordura de lo onírico, caigo en la cuenta de la falta. Hace un año estudié algo de griego antiguo y puedo decir que, en algún sentido filosófico, me hizo ver el mundo de una manera sutilmente diferente.
Sentimos-Pensamos -> imágenes-palabras => ordenamos ==> "vemos"
Mucha gente ha jugado con esto en el tiempo.
¿de eso se trata finalmente?
Sonrío y después no, pero de a poquito.

sábado, julio 01, 2006

LA LETRA CON SANGRE ENTRA (y al revés)


Les presento al señor Cassiano de Imola, por si ustedes no lo saben, patrono de los profesores.
La historia es bien particular, trágica y perversona.
Resulta que este señor efectivamente estaba a cargo de la educación de una tropa de, en palabras de Freud, perversus polimorfus. Los niñitos en cuestión escribían en aquella época no sobre impecables cuadernos con espirales multifuncionales y variedad de gramajes y tonalidades de papel como ahora, sino en cosas más bien parecidas a las "croqueras" de los Picapiedras. En honor a la verdad, no eran piedras propiamente tal sino cubiertas de madera encerada. Bueno, la cosa es que para escribir sobre aquellas tablitas los educandos de la época utilizaban los llamados "estilos", de donde deriva mi palabra favorita para referirme a los lápices, específicamente a las plumas: estilógrafos.
Los estudiantes del profe aludido (profesor de gramática y taquigrafía según el poeta Prudencio) recibían con rigor, quizá mejor dicho con fiereza, las distintas materias que el "programa" indicaba tenía que impartir nuestro maestro don Cassiano. No he podido llegar a una idea acabada, con el suficiente convencimiento, sobre la real conducta de los cabros. Me surgen dos alternativas: o eran unos hijos del mismísimo Satanás y hacían samba canuta las clases del maestro, o quizá por otro lado el mismo profesor tenía una sensibilidad demasiado exacerbada hacia la disciplina, el próspero aprendizaje, las buenas maneras y costumbres. Sea cual haya sido la situación real vivida en aquellas "aulas", la evidencia histórica contenida en la literatura sobre Cassiano lo muestra como un tipo bastante duro en su trato. Los castigos que Cassiano, hombre de poca paciencia al parecer, ejercía sobre sus alumnos eran de una rigurosidad explícitamente dolorosa, por decirlo de algún modo. O sea, les sacaba la cresta a los cabros cuando éstos no respondían a sus expectativas académicas.
Un día, bendito para unos y cruel para el otro, cansados de los abusos que el profesor les propinaba casi con crueldad, los estudiantes se confabularon para atacar al representante del magisterio. Imagino a Cassiano llegando como cualquier día jueves a la sala, sin presentir la cosecha que recibiría de lo sembrado. Estoy viendo a aquellos niños (que para mí en la imagen expuesta no superan los ocho o diez años a lo sumo) avalanzándose en patota sobre el pálido de Cassiano, atontándolo un poco con una que otra patada o puñete, para luego amarrarlo a una de las columnas del colegio. Es entonces donde la crueldad aparece brillando desde la más tierna infancia. Con ojos revanchistas y aún lamentándose de alguna pateadura académica cercana en el tiempo, veo a los primeros niñitos empuñando sus puntiagudos estilos (recuerden que el "lápiz" tenía que surcar con su filo la madera), acercándose al profe con el ánimo de ocuparlo de cuaderno.
Y así lo hicieron.
Cassiano de Imola muere a causa de los esmerados dibujitos hechos en su cuerpo por sus niños, y es elevado a nivel de santo por el mérito de llegar al martirologio como colador, en cumplimiento de la evangelización de esos demonios chicos.
Fin de la historia, pero ojo, si ven pasar por fuera de un colegio uno de aquellos tradicionales Afiladores de Cuchillos con su pito tocando como agüita que corre, encomiéndense a Cassiano y no se pierdan el noticiero de la noche.

sábado, junio 24, 2006

Hubo un par de muertes

La semana pasada estuvo cruzada por un par de muertes.
La primera que nombro es la del papá de una amiga algo cercana, también algo lejana, pero cuyo suceso impacta y remece por la personalidad de quien la protagoniza. Lo recuerdo en situaciones sociales tomando las riendas de los asados desde su raigambre española. Hasta las salchichas a la parrilla aparecían producidas al máximo, por ejemplo, abrigadas por pancetas de guarda. Sonrisa cariñosa y explícita para cualquiera, manteniendo en lo latente algún secreto triste.
La segunda muerte: Stella Díaz Varín. Conocí a la Stella, vieja ya y casi muy joven, en una lectura poética llevada a cabo en la Plaza Brasil. Más específicamente en la Fundación Víctor Jara donde un par de poetas mujeres terminaron echando a punta de diatribas al poeta Sergio Parra. Antes, desde mucho tiempo atrás, tuve variadas referencias anecdóticas. Puñetes a quién le frunciera el entrecejo, escupitajos, encatres varios (desde Neruda a Jodorowsky y pasando también por Parra [Nicanor, por supuesto]). El pololeo con Jodo lo sobrellevó con su mano dentro del bolsillo roto de éste, agarrando lo que ustedes ya se imaginan, por todo lugar donde se encontraban. Al cabo de un tiempo y con la sutileza de la artista, la Stella cosió el bolsillo roto del pantalón de Jodorowsky dando por terminada la relación con el mayor de los simbolismos.
Una frase inolvidable lanzada por sus labios ese día:
Vivimos dentro de la espantosidad.
Cuánta razón a veces cuánta razón.